Mi mayor decepción

No había forma de haber anticipado semejante chasco… 

No después de haber conocido a muchas de sus vecinas, una encantadora colección de pequeñas ciudades que, con el trillado mote de «salida de un cuento» nos recibieron alegres, con sus pintorescas casitas de madera y flores multicolores adornando sus balcones, tan prolijos como pequeños, cortinas con volados, tortas exuberantes y laberintos de calles bañadas en aroma a chocolate.

No podíamos anticipar semejante desilusión después de habernos sumergido en las entrañas del territorio alemán y haber deambulado por sus fantásticas rutas, tan perfectas como una pista de patinaje olímpico, con nuestro pequeño y discreto auto alquilado. 

No imaginábamos nada de eso mientras recorríamos caminos perdidos en la profunda belleza del paisaje, rodeados de bosques eternamente verdes, montañas, lagos, cascadas y perfume a tradiciones germanas. Deslumbrados por la magnitud del paisaje de la icónica Selva Negra, nuestras ansiedades por conocer la capital del país crecían al ritmo de los kilómetros que sumábamos cada día a nuestro humilde vehículo rentado.

Nuestro plan de ruta seguía sin definir…

Teníamos 5 noches disponibles y 2 opciones: dedicarle 3 noches a Berlin y 2 a Budapest o jugarnos un pleno con la primera.

En los últimos meses antes de viajar y por curiosas casualidades, ella se colaba en conversaciones, películas, incluso en libros. Sus diversas maravillas me llegaban disfrazadas de formas diferentes. Incluso una de mis mejores amigas, con la que habitualmente coincidimos por completo en opiniones viajeras, volvió completamente fascinada por Berlín.

Nosotros seguíamos sin decidirnos. Budapest, sin tener la descomunal historia de su contrincante, seguía dando pelea. Después de mucho análisis, de venidas e idas, de mil vueltas vertiginosas, el tiempo se nos terminaba y la fecha se acercaba. Había que tomar una decisión y Berlín resultó ser la ganadora de la contienda.

Quizás lo que jugó en contra fueron nuestras expectativas, tan altas que daban vértigo. 

Quizás fue el hecho de encontrarla casi tapiada, invadida por completo por grúas, andamios, vallas y montañas de cemento. Nuestra visita coincidió con el mega proyecto de mantenimiento urbano que dejaría a Berlín «como nueva»

Quizás nuestros destinos previos nos habían dejado embriagados de belleza urbana. Viena, Salzburgo, Praga, nos desbordaron los sentidos. El contraste con la arquitectura casi desalmada de gran parte de Berlín fue (para nosotros) tremendamente brutal. 

Cuánto nos juegan a favor o en contra las expectativas? 

Un tiempo atrás, tuve una charla muy interesante con otro viajero, Dan Lande, más conocido como Rulo de Viaje. Dan es, además de viajero y escritor, un experto en creatividad. Es de esas personas con un talento despampanante para ver las cosas con ojos nuevos, casi de marciano.

En medio de su despliege creativo, busca descubrir el mundo con la mirada de los exploradores. Ese gen particular que llevó a grandes personajes históricos como Magallanes, Hernán Cortés, Elcano o Marco Polo a aventurarse a tierras desconocidas, sin saber qué los aguardaba en su destino.

Este concepto de salir a explorar me hizo mucho ruido. 

Me quedé pensando en la extraña y paradójica ambigüedad en la que vivimos, una realidad que nos sepulta bajo toneladas de información y sobredosis de data, que de alguna extraña manera nos limita nuestra mirada de exploradores, nos predispone de una u otra forma, nos manipula, y nos impide salir al mundo sin más expectativa que la de dejarnos llevar por la sorpresa, por lo nuevo…

Cuánto nos afecta, en definitiva, la mirada del otro, su opinión, sus recomendaciones. Si en definitiva cada uno opina, ve, siente y percibe de una manera distinta.

La Berlín que encontré, una mega obra en construcción…

Porque, entonces, no nos dejamos llevar sin esperar nada, entregándonos al flujo natural, sorprendente, aleatorio, que nos impone un viaje? Acaso no lo comprobamos una y otra vez cuando llegamos a un destino «de casualidad»…? Acaso no son ésos lugares, a los que llegamos por error, los que verdaderamente nos deslumbran?

Berlín fue, para mí, una sorprendente desilusión. 

Desde entonces espero regresar y darnos una segunda oportunidad...

Alguna vez te pasó algo así? Hubo alguna ciudad que te haya decepcionado?


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