Cuatro años atrás, aterrizábamos en Alemania. Todo había empezado (otra vez) con una foto.

La foto era la de un castillo espectacular, que se alza imponente sobre una colina, custodiado por un ejército de árboles guardianes y salpicado de nubes. Era el castillo Neuschwanstein, el mismo que, según dicen, inspiró a Walt Disney para crear el suyo (el de Blancanieves). Y viste como son las cosas… me puse a investigar el castillo, su historia, dónde estaba estaba. En menos de un día ya tenía planificado el viaje: nos íbamos a recorrer la mítica Selva Negra.

Bautizada con este nombre particular, por ser un bosque tan denso y profundo que prácticamente no entra la luz del sol, la bellísima Schwarzwald (su nombre en alemán) es una región montañosa al suroeste de Alemania, famosa por sus bosques eternos, cascadas inesperadas, lagos cristalinos, pintorescas ciudades, spas de lujo y relojes cucú.

Un exquisito decorado de película se materializa frente a tus sorprendidos ojos.

Fachadas blancas maquilladas con listones de madera, techos de tejas en diferentes tonalidades ocres componen un tapiz único, ventanas primorosas con persianas de colores, veredas adornadas con macetas repletas de flores, que regalan vida multicolor a las calles empedradas. Heidelberg, Friburgo, Baden-Baden, Gengenbach, Sasbachwalden y unos cuantos más. Es prácticamente imposible hablar de las ciudades de la Selva Negra sin caer en la trillada frase «como salida de un cuento», pero la expresión resulta tan exacta, que le quita sentido a rebuscadas frases inventadas o comparaciones estériles.

Postal (con amor) de Gengenbach

Nuestro vuelo aterrizó en Franckfurt pero decidimos no entrar a la ciudad. Retiramos el auto que habíamos alquilado y desde ahí nos lanzamos hacia la ruta, rumbo a nuestra primer parada: la encantadora Heidelberg.

HEIDELBERG

A orillas del rio Neckar, la alegre y vivaz Heidelberg despliega su «renovado» encanto medieval. 

Reconstruida casi por completo en el siglo XVIII, luego de la destrucción casi absoluta de las tropas francesas en 1690, Heidelberg se mantiene intacta.

Dueña de la universidad mas antigua de toda Alemania, fundada en 1386, Heidelberg combina con maestría la fusión perfecta entre historia, juventud y un delicioso escenario natural.

Qué hacer en Heidelberg

Admirar el Castillo: aunque sólo quedan sus ruinas, es la estrella indiscutida de la ciudad. Construido en las laderas del monte Königstuhl, destruído por los franceses y por la caída de dos rayos (1573 y 1764). Incluso en ruinas, el castillo conserva su atractivo. El patio gótico-renacentista es una exquisitez, se puede pasear por sus hermosos jardines, visitar el Museo de Farmacia Alemana y contemplar el Barril de Vino más grande del mundo, en el que caben 22.000 litros de vino. Y, por supuesto, admirar las espectaculares vistas de la ciudad. Se puede subir en funicular. TIP ➜ si tenes tiempo y te gustan las vistas panorámicas, en Molkenkur (2da parada del funicular) podes cambiar de funicular y llegar hasta la cima del Königstuhl.

Cruzar el Karl Theodor Brucke (Puente de Carlos Teodoro): une los dos lados de la ciudad y es una belleza!

Pasear por la Alstadt (Ciudad Vieja)

Conocer la Marktplatz (Plaza del Mercado): el corazón de la ciudad. Los miércoles y sábados se instala el mercado semanal con productos frescos, alimentos y flores. A su alrededor hay varios edificios interesantes: el Ayuntamiento, la Casa del Caballero, un hotel-restaurant del 1592 y la Heiliggeistkirche (Iglesia del Espíritu Santo, del siglo XV). DATO CURIOSO ➜ esta iglesia fue utilizada por católicos y protestantes al mismo tiempo, separados por un muro que existió por más de 200 años.

Caminar por la Hauptstrasse (calle principal) que atraviesa el centro histórico. TIP ➜ meterse en todas las callecitas laterales que vayas encontrando, te esperan sorpresas!

Escaparte al Philosophenweg (Paseo de los Filósofos) desde este punto la vista de la ciudad con el puente y el rio es sublime.

Visitar la Karlsplatz (Plaza de Carlos).

De Heidelberg salimos temprano rumbo a una de las ciudades donde se respira glamour, elegancia y sofisticación: la lujosa Baden Baden.

BADEN BADEN

Esta ciudad alemana se hizo famosa mundialmente por sus aguas termales. La próspera suntuosidad de Baden Baden se hace evidente en sus espectaculares mansiones, las tiendas de las marcas más lujosas del mundo y cafés con estilo francés. 

Qué hacer en Baden Baden

Tomar un baño termal: es una cita casi obligatoria en esta ciudad-balneario y la experiencia es memorable! Los restos de las antiguas termas están bajo el Friedrichsbad, el complejo de termas más tradicional y elegante de la ciudad. Es un enorme edificio estilo renacentista, con cúpula, columnas griegas, estatuas de dioses romanos, lo que le da plus especial. Fue el que elegimos nosotros y nos gustó muchísimo, aunque reconozco que de los 7 niveles de baños con agua fría solo aguanté dos! El otro centro termal se llama Caracalla. Se dice que el emperador romano Caracalla frecuentaba el lugar, y en su recuerdo una de las termas de la actualidad llevan su nombre.

El imponente edificio de Friedrichsbad, el complejo de termas más antiguo de Baden Baden

★ Visitar el aristocrático Kurhaus, un edificio del 1824 donde se encuentra el famoso Casino, conocido por su lujoso interior, con decorados inspirados en los palacios franceses. Dicen que Marlene Dietrich dijo que era el casino más hermoso del mundo. 

★ Recorrer las Ruinas del Balneario Romano de 2.000 años de antiguedad, que se encuentran debajo de la Plaza del Mercado y del balneario Friedrichsbad. Las murallas romanas están muy bien conservadas.

★ Perderse en la zona peatonal entre Langestraße y Sophienstraße, repleta de elegantes comercios y locales de moda y gastronomía.

Conocer las ruinas del Altes Schloss (Palacio Viejo). Esta construcción del siglo XII, fue casi totalmente destruido por un incendio. Desde su torre se pueden disfrutar una vista espectacular de toda la ciudad. 

Pasear por los jardines de Neues Schloss (Palacio Nuevo). El Palacio no se puede visitar porque es privado.

Caminar por medio de los hermosos arboles del Lichtentaler Alllee, un magnífico jardín de estilo inglés.

Stiftskirche es una iglesia de estilo gótico construida en el siglo XV, donde se enterraban los Margraves de Baden. La imponente torre se erigió en el siglo XVIII, al mismo tiempo que se hacía el interior de estilo barroco. Posee un hermoso crucifijo del gótico final, una bella columna que alberga el sagrario y un monumento funerario del siglo XVIII.

ESTRASBURGO

Aunque no está ubicada en la Selva Negro, sino casi en el límite de la frontera entre Francia y Alemania, aprovechamos la cercanía de esta ciudad para conocerla, ya que sus icónicas fotos nos había seducido completamente.

Estrasburgo extiende con desparpajo su exquisita arquitectura, una fascinante mezcla franco-germana que cautiva a quien deambule por sus calles hechizadas de flores. Es la primer ciudad francesa que recibió la distinción de Patrimonio de la Humanidad, en 1988. Junto a su vecina Colmar, son las protagonistas indiscutidas de Alsacia, esta región francesa de renombre internacional por su gastronomía, sus vinos y sus inconfundibles encantadoras imágenes.

Qué hacer en Estrasburgo

Petite France: la postal más emblemática de la ciudad es de este barrio, construido al ras del agua y sus casas con entramados de madera, del siglo XVI. 

Des Ponts Couverts: un conjunto de 3 Puentes Cubiertos y 4 antiguas torres de defensa indican la la entrada a la Petite France.

Recorrer sus principales calles: Rue du Vieux Marché Aux Poissons, Rue Merciére y Rue du Bain Aux Plantes.

Plaza de la República: con sus impresionantes edificios construidos entre 1871 y 1918, el llamado Período Alemán.

Chusmear algunos de los míticos edificios y plazas de la ciudad: el Palacio Rohan (siglo XVIII), Casa Kammerzell, el parque de Orangerie, las Place Gutenberg, la Place Broglie

Comer en un «winstub»: pequeños locales tipo taberna con un ambiente muy tradicional de Estrasburgo.

Probar las delicias típicas alsacianas: foie gras (se inventó en Estrasburgo), la choucroute ( repollo triturado y fermentado con sal y enebro. Se sirve con aves, cerdo, salchichas o incluso pescado y guarnición de papas al vapor , el baeckeoffe (mezcla de buey, oveja y cerdo marinado en vino blanco y cocinados con papas y cebollas), la tarte flambée (es una fina masa de pan, con cebolla cruda pancita y nata fresca, o queso blanco fresco, se cocina en horno fuerte y se come como una pizza), el bretzel (para nosotros el famoso pretzel) o el kougelhopf (especie de biscochuelo, con forma de flan alto).

El otro gran tesoro que guarda esta región son sus vinos, que son mayoritariamente blancos. Las variedades que mejor se dan en Alsacia son el Riesling, Sylvaner o Gewürztraminer.

Catedral de Notre Dame: una obra maestra del arte gótico que merece, sin dudas, un capitulo aparte. 

  • Esta imponente catedral, obra maestra del arte gótico, fue construida a lo largo de 4 siglos de historia, sobre el antiguo emplazamiento de un templo romano. 
  • Su espectacular torre campanario (flèche) de 142 m de altura, fue la obra arquitectónica más alta del mundo durante mas de 2 siglos.
  • Para admirar su soberbia fachada, la mejor ubicación es pararse sobre la Rue Mercière.
  • En el interior de la catedral podrás ver una de las joyas del templo: el reloj astronómico construido en el siglo XVI. Cada mediodía en la parte superior del reloj desfilan los 12 apóstoles delante de Jesús, mientras un gallo canta. El reloj, ademas de dar la hora, permite conocer el día, el mes, el año, el signo del Zodiaco, las fases de la luna y las posiciones de los planetas hasta Saturno. 
  • Llama la atención encontrar la figura del diablo en medio de la fachada de la catedral, personificado con la forma de un hombre que seduce a un grupo de jóvenes vírgenes. Cuenta una leyenda que el diablo estaba volando sobre el viento y al pasar por ese lugar y ver su imagen, quiso saber si había otros retratos suyos dentro de la iglesia. Pero al entrar al templo quedó preso y desde entonces el viento ruge a la espera de poder llevárselo a otro lugar. Una llamativa explicación al hecho que generalmente fuera de la catedral sopla un viento más intenso que en otras partes de la ciudad.

FRIBURGO

Friburgo de Brisgovia nos recibió bajo un caprichoso cielo nublado, burlándose con desfachatez del mote que la precede, la de ser la ciudad mas soleada de Alemania. Llegamos bajo una fina llovizna de verano un domingo por la mañana y yo no sabía si era el 2016 o si un repentino hechizo de tiempo nos había transportado a la Edad Media. 

Mercado callejero en Friburgo

Alrededor de la antigua catedral, el bullicio del mercado callejero se multiplicaba bajo los coloridos techos de colores. Los deliciosos aromas se enredaban a nuestro alrededor: frutas frescas y  suculentas verduras, comidas típicas, quesos potentes y descomunales currywurts nos tentaban desde las vidrieras de los carritos ambulantes. Un despliegue gastronómico que despertó nuestros sentidos.

Friburgo fue casi destruida por completo en la 2da Guerra Mundial, pero este hecho le permitio resurgir con un objetivo concreto y hoy es la urbe más ecológica y sostenible del mundo. En el centro no se ve un solo automóvil y el nivel de ruido y contaminación es bajisimo

Münster: la catedral gótica se alza en el centro de la Münsterplatz, la animada plaza del centro histórico.  Se termino de construir en 1230 y es uno de los pocos edificios que sobrevivió los bombardeos. Se puede subir a la torre y para entrar hay que pagar entrada.

Altstadt: el pequeño y pintoresco casco antiguo. 

Las puertas medievales: Friburgo es custodiada por dos puertas medievales. La Martinstor (torre de Martín) del 1202, está en Kaiser-Joseph-Straße, la principal calle comercial del casco histórico.  Tiene una placa en honor a 3 mujeres que fueron quemadas en 1599 porque se creía que eran brujas. La Schwabentor (puerta de Suabia) es del siglo XIII. Esta torre de arenisca alberga el Museo Zinnfigurenklause (torre municipal), donde se muestran miles de figuras artesanales de hojalata y dioramas que relatan hechos tan notables como la Revolución de Baden.

Kaufhaus: este edificio se destaca por su fachada roja y extensa decoración. Fue inaugurado en 1532 para ser el consejo de administración del mercado.

Zum Roten Bären: este establecimiento funciona desde el 1120, dato que lo convierte en la casa de huéspedes más antigua de Alemania. Es un buen lugar para probar algunos platos y vinos típicos alemanes en un entorno tradicional. Te recomiendo el  Wiener Schnitzel (una especie de bife de ternera empanada), el risotto o la kartoffelsuppe, una sopa de papas que los alemanes suelen pedir como aperitivo. Se acompaña de guarniciones como Wurstsalat (ensalada de salchichas), panecillos y fiambre. Otro buen lugar para comer este plato en Friburgo es Das Kartoffelhaus. Los platos están alrededor de €10.- 

Calles de Friburgo de Brisgovia

BODENSEE

Partimos de Friburgo y dos horas después llegamos al Bodensee, un inmenso lago de 536 km² compartido por Alemania, Austria y Suiza, una suculenta promesa de entretenimiento, enmarcada con la inconfundible estampa de los Alpes.

La popularidad del lago Constanza se debe a que es un destino hiper-completo, con ofertas para todos los gustos, durante todo el año. Un entretenido varieté turístico: vistosas ciudades medievales, encantadoras islas, irresistibles pueblos, gran variedad de actividades acuáticas y terrestres y una deliciosa oferta gastronómica regional.

Alrededor del Bodensee hay muchos pueblitos, en este post te cuento cuales son los más destacados de cada país.

DEL LADO ALEMÁN

Constanza: la ciudad más importante, con una buena oferta hotelera. Buena opción para instalarse y recorrer la zona. 

Friedrichshafen: con el museo del Zeppelin y la industria aeroespacial.

Meersburg: una postal imposible de olvidar. Una ciudad medieval con los Alpes de fondo y el lago como remate insuperable de un paisaje insuperable. 

Ravensburg: adornada con torres medievales.

Lindau: dueña de un encantador puerto y tremendas vistas de los Alpes.

Fachadas de Meersburg

DEL LADO AUSTRÍACO

Bregenz:  un interesante mix de arquitectura medieval y moderna.

DEL LADO SUIZO

Romanshorn, Arbon, Rorschach y Kreuzlingen 

LAS ISLAS

Mainau: plagada de vistosos jardines y exóticas flores.

Reichenau: Patrimonio Mundial del Humanidad, por sus iglesias del siglo VIII al XVIII.

Lindau: conserva su centro histórico y su bello puerto.

NEUSCHWANSTEIN

El torrencial diluvio apocalíptico de aquella pesada tarde de verano nos amenazaba odiosamente. Nuestra meta, el legendario castillo que parece flotar mágicamente entre los árboles, se desdibujaba entre las despiadadas gotas. Pero ni el cruel aguacero logró impedir nuestra visita al soberbio Neuschwanstein.  

El Castillo del Rey Loco, llamado así por Luis II de Baviera, el extravagante monarca que ordenó su construcción en 1869, evoca un mundo irreal y fantasioso. Neuschwanstein simboliza el vasto universo ficticio que habitaba en la imaginación de éste particular rey, que añoraba vivir dentro de un cuento de hadas y diseñó su obra con esa idea, inspirado en las óperas de Wagner, músico admirado por el soberano.

Castillo de Neuschwanstein

Luis disfrutó tan solo unos 200 días de su ídilico castillo encantado. Cuando murió, en 1886, la construcción no había terminado. Siete semanas después, Neuschwanstein abrió sus puertas al público. Es uno de los castillos más visitados de Europa, con 1.4 millones de visitas anuales.

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El fantástico universo de héroes, valquirias y dioses había terminado.

Nos despedimos de las fastuosas pinturas de leyendas medievales, los muebles de madera exquisitamente tallados y el despliegue de confort monárquico, y regresamos a la realidad. Afuera, en el mundo real, las consecuencias del diluvio aún se presentían en el aire y un potente olor a lluvia conquistaba la tarde. Gruesas nubes nos engullían, velando el descomunal paisaje que rodea a Neuschwanstein. Apenas se intuía la presencia de sus árboles guardianes, y las montañas que enmarcan su noble estampa eran devoradas por un espeso vapor blancuzco. Emprendimos, entonces, la retirada.

Sólo había un camino posible: bajar.

Decidimos hacer el trayecto caminando, en lugar de tomar el bus. El cielo, aunque amenazador, parecía haberse calmado. Buscamos las indicaciones, pero no encontramos ningún cartel alusivo. La manada turística ya se había dispersado, sólo quedábamos 4 rezagados: una pareja asiática y nosotros. 

El salteño entonces, decidió seguir al nipón, que caminaba delante nuestro con determinación.

«El ponja debe conocer el camino» me dijo convencido. 

El argumento no me cerraba. El señor era tan turista como nosotros, ¿porqué iba a saber por dónde ir? Además la senda era demasiado angosta, era indudable que ése no era el camino correcto, pero mi socio estaba determinado en seguir al hombre de ojos rasgados.  

De repente, y sin preámbulo alguno, el mezquino asfalto que nos guiaba se esfumó.

Frente a mis ojos, la desafiante espesura del bosque me interpelaba. Me paralizé, temerosa. La idea de bajar por el medio de una tupida arboleda germana no me atraía en absoluto. 

Algo así, aunque un poco mas tenebroso, era el paisaje que tenía frente a mi…

El llamado del salteño, que ya estaba varios metros más abajo, activó mis movimientos. Empecé a descender muy despacio. El suelo, un peligroso barro negro, simulaba una pista de patinaje olímpica. Un sinfín de ensortijadas raíces surgían de la tierra con inquietantes formas y una perturbadora neblina gris pululaba entre los troncos oscuros. Con lenta cautela, empecé a internarme en el tenebroso espectáculo. 

El salteño me esperaba a la orilla de un pequeño arroyo. Su mirada transmitía cierta inquietud: el dúo japonés se había esfumado. Comprendí, con espantada claridad, que estábamos completamente solos y definitivamente perdidos. Una multitud de temores me embistió sin piedad.

«Si nos pasa algo acá, nadie nos va a venir a buscar» pensaba angustiada. El odioso razonamiento taladraba mi mente. 

Entonces el cielo se desplomó y la oscuridad repentina se abalanzó sobre nosotros.

Una catarata de agua helada se filtraba por entre las miles de ramas. Me movía en cámara lenta, concentrada para no pisar en falso, caerme y fracturarme una pierna. La otra parte de mi cerebro se debatía en una biblia de insultos especialmente dedicados al salteño, al japonés y hasta al desubicado rey que se le ocurrió la ridícula idea de construir un castillo en medio de ese bosque maldito.

Estaba aterrada. Nada de esa ridícula experiencia me parecía divertida. Sentía como el miedo subía de a poco por mis piernas, como un veneno expandiéndose letalmente por el cuerpo de la víctima, haciéndolas tan pesadas que apenas podía moverlas. Mi corazón latía estrepitosamente, lo sentía retumbar contra las paredes de mi pecho. Un gigantesco nudo me oprimía la garganta.

Perdí la noción del tiempo. ¿Es que no llegaríamos nunca a alguna parte?

En medio de mi ostracismo de furia y miedo, vi a la distancia unos puntos de colores. La esperanza brotó fulminante. Allá lejos parecía haber algo más que árboles. Minutos después pudimos distinguir con claridad, las figuras de los turistas bajando por el camino correcto. 

Respiré profundo y el miedo se evaporó. Habíamos llegado. 

Si te interesa conocer más sobre el castillo neuschwanstein, no te pierdas ESTE POST

Entre colinas, arboles y nubes, el Castillo de Neuschwanstein se materializa con su soberbia estampa como salido de un cuento de hadas. lo que tenes que saber para visitarlo!

Castillo de Neuschwanstein
BAVIERA, ALEMANIA

Aquel día de junio, el diluvio parecía arrasar con los bosques del sur de Baviera. Pero ni el torrencial aguacero nos impidió admirar ese mítico castillo, que parece elevarse mágicamente entre las nubes y los árboles.

Conocido como el Castillo del Rey Loco, en referencia a Luis II de Baviera, el extravagante personaje que lo mandó a construir, Neuschwanstein (cuya traducción literal es nuevo cisne de piedra) es el resultado de los sueños idílicos de este rey tan particular. 

Con el salteño, esperando para entrar a recorrer el castillo.

Desde su juventud Luis añoraba un mundo imaginario y poético donde refugiarse y soñar con héroes legendarios, damiselas y criaturas mitológicas. Se imaginaba a sí mismo como un rey de un cuento de hadas y diseñó su obra con esa idea en mente: replicar el fantasioso mundo que tanto lo fascinaba. 

El castillo tiene 200 cuartos y numerosas salas inmensas, como la Sala del Trono (de 13 metros de altura), la Sala de los Cantores, el dormitorio del rey y la capilla. A lo largo del castillo se aprecian pinturas inspiradas en las óperas de Richard Wagner, a quien el rey admiraba ilimitadamente. Es sorprendente la cantidad de mejoras modernas que se incluyeron en el castillo, que contaba con calefacción central de aire caliente, luz eléctrica, agua corriente caliente y fría, desagües automáticos e incluso una línea telefónica.

El Castillo de Neuschwanstein está ubicado muy cerca de Hohenschwangau, el castillo de su padre. Paradójicamente, Luis disfrutó muy poco de su castillo encantado, soló llegó a vivir allí unos 200 días en total y cuando murió, en junio de 1886, la construcción no había terminado. 

Siete semanas después de su muerte, el Castillo de Neuschwanstein abrió sus puertas al público. Actualmente es uno de los castillos más visitados de Europa, con 1.4 millones de visitas anuales. 

El Castillo de Neuschwanstein y detrás el Castillo de Hohenschwangau.
BAVIERA, ALEMANIA

La visita al castillo sólo puede realizarse con una visita privada. Los recorridos ofrecidos por el personal del castillo están disponibles únicamente en alemán e inglés y ofrecen audioguías en los otros idiomas. El recorrido dura unos 30 minutos

★ Precio de la entrada general: € 13 / Estudiantes: € 12 / Menores de 18 años: entrada gratuita.

★ Hay tickets combinados para visitar Hohenschwangau y Neuschwanstein, con descuento.

★ También se ofrece un ticket para 3 castillos (Neuschwanstein, Herrenchiemsee y Linderhof) llamado “Königsschlösser” y vale € 26.

★ Confirmá tarifas y horarios actualizados en https://www.neuschwanstein.de/spanisch/palacio/index.htm

★ Neuschwanstein se encuentra a unos 130 km de Munich. Desde la ciudad hay inmurables opciones de tours para visitar el castillo.

★ También podés acceder en transporte público. En Munich deberás tomar el tren hasta Füssen. Una vez allí, tomar el autobús número 73 (dirección a Steingaden / Garmisch-Partenkirchen) o el número 78 (dirección a Schwangau) y bajar en la parada de destino Hohenschwangau / Alpseestraße. Desde la parada podés caminar 30 minutos hasta el castillo o subir a un coche de caballos. 

★ Por supuesto la mejor opción es alquilar auto. Muy cerca de la oficina de ventas de entradas hay varios parking donde podes dejar el auto. Fue lo que hicimos nosotros, y subimos en el coche de caballos y bajamos caminando (con diluvio y todo).

★ Imperdible la visita al Puente de María desde donde podrás sacar una foto tan alucinante como ésta.