París está repleto de lugares increíbles. Éstos tres son algunos de mis preferidos.

Plaza de la Concordia

El verde ferroso de los mares, las sirenas y los tritones centellean con sus adornos dorados bajo los rayos del esquivo sol parisino. 

La descomunal Place de La Concorde deslumbra por sus colosales dimensiones, ocultando bajo las sinuosas figuras acuáticas su pasado sangriento, teñido de revolución y muerte.

Plaza de la Concordia, Paris
Esculturas de la Plaza de la Concordia

★ La plaza nació en 1748. Fue el espacio elegido para exhibir la estatua ecuestre de Luis XV por haber sobrevivido a una enfermedad que casi lo mata.

★ Durante la Revolución Francesa, la plaza fue uno de los grandes lugares de reunión y sitio de la guillotina. Allí se decapitaron unas 1100 personas, incluidos Luis XVI y Maria Antonieta.

★ En 1792, la estatua de Luis XV fue derribada de su pedestal y enviada a fundición. La plaza fue rebautizada como Plaza de la Revolución y unos años después cambió a su nombre actual.

Es la plaza mas grande de París y la segunda más grande de Francia. 

En uno de los extremos se encuentran dos edificios idénticos. A la izquierda el Hôtel Crillon, uno de los más lujosos del mundo. A la derecha el Ministerio de Marina. Entre ambos edificios, la Rue Royale con la preciosa iglesia de la Madeleine al fondo.

★ En el centro de la plaza se erige el monumento más antiguo de París: el obelisco de Luxor. Tiene 23 mts de alto y pesa 230 toneladas. Proviene del Templo de Luxor en Egipto y data del año 1500 a.C. 

Obelisco de Luxor, Paris
Obelisco de Luxor, Paris

★ Una de las fuentes conmemora el comercio marítimo y la industria francesa. La otra la navegación y los ríos de Francia. Alrededor de la plaza, en cada una de sus esquinas, ocho esculturas representan diferentes ciudades francesas.

Fuente en la Plaza de la Concordia, Paris

Galerías Lafayette

Esta imponente tienda se convirtió en uno de mis edificios preferidos de París apenas me crucé con su espectacular figura. Dueña de una de las cúpulas vidriadas más espectaculares de todo el mundo, las míticas Galeries Lafayette Haussmann resultan una parada casi obligada en la caminata parisina.

Para sumarle majestuosidad a esta construcción icónica de la ciudad, la terraza regala una de las mejores vistas panorámicas de París, con la Ópera casi al alcance de la mano y el horizonte de techos esbeltos y gallardos consagrados por la silueta imponente de la Torre Eiffel.

Vista de Paris desde la terraza de las Galerías Lafayette

★ Recibe 55.000 visitantes por día. Es la tienda con mayor superficie comercial de occidente y es la número uno en ventas en Europa.

Dentro de la tienda, a lo largo y ancho de los 7 pisos, podés encontrar las marcas más famosas del mundo. Ropa, alta costura, perfumes, zapatos, maquillaje, productos para el hogar, tiempo libre y varios locales gastronómicos. 

★ Cada noviembre, un inmenso árbol de Navidad se materializa debajo de la cúpula, sumando espectacularidad al salón principal del edificio con su derroche de brillos coloridos.

Arbol de navidad de Galerías Lafayette. Paris
Arbol de Navidad en Galerías Lafayette

Además de la tienda principal en París, tiene sucursales en Berlín, Beijing, Jakarta, Estambul, Doha, Shanghai, Luxemburgo y Dubaï, donde se instaló el primer cajero automático de oro: insertas efectivo y recibís pepitas de oro.

Champs Elysees y Arco de Triunfo

Caminar por la avenida más famosa de París es toda una experiencia. El aire, empapado de lujo y opulencia, se hace palpable. Las enormes tiendas de marcas exclusivas compiten por la atención de los clientes con marquesinas despampanantes y precios inimaginables. Allí todo es exclusivo o, al menos, intenta serlo. De fondo, el sobrio esplendor del Arco de Triunfo, rubrica con su icónica presencia el mágico universo que atraviesa a los Campos Eliseos.

Avenida Champs Elysees, Paris

El nombre campos elíseos deriva de la mitología griega, en referencia al sitio donde moraban las almas virtuosas, algo como el paraíso para los cristianos.

★ La avenida mide casi 2 kilómetros y une el Arco de Triunfo con la Plaza de la Concordia.

El Arco de Triunfo se construyó entre 1806 y 1836 por orden de Napoleón y conmemora su victoria en la batalla de Austerlitz contra Rusia y Austria. En la base se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido de la 1era. Guerra Mundial.

Arco de Triunfo, Paris

Sobre sus pilares hay grupos escultóricos y relieves en referencia a diferentes eventos de la historia de Francia.

Está ubicado en la Place de l’Etoile (Plaza de la Estrella) y forma una enorme rotonda con doce avenidas, un punto neurálgico casi imposible de cruzar caminando.

Tiene 50 mts de alto y 22 de ancho. Se puede subir al arco trepando los 286 escalones hasta la terraza.

Arco de Triunfo, Paris

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El barrio más desfachatado de París te envuelve en su festín de colores.

Una incomprensible maraña de calles se deslizan con encanto desprolijo por la colina impregnada de aroma bohemio y colores de carnaval. En la cima, la colosal silueta blanca de la Basílica del Sagrado Corazón contempla ese mundo bullicioso que ruge a sus pies con vivacidad alegre, perfumes desparejos y un concierto alocado de pinceles y cabarets. 

Montmartre es una jungla salvaje pintada con la innata elegancia parisina. Un universo de arte y decadencia que atrapa con desfachatez primorosa. Montmartre es, para mí, el barrio más lindo de París.

Moulin Rouge
Frente al Moulin Rouge

Durante mucho tiempo Montmartre tuvo mala fama. En esta zona se abrieron muchos cabarets y burdeles, el más famoso es el Moulin Rouge, inaugurado a fines del siglo XIX, inmortalizado por Tolouse-Lautrec, pintor francés. Artistas como Monet, Dalí, Picasso, van Gogh y otros, se trasladaron a este barrio inspirados por su ambiente particular. Desde entonces Montmartre se convirtió en el barrio bohemio por excelencia.

El corazón del barrio es la Place du Tertre, una pequeña plaza repleta de artistas que venden sus pinturas en la calle y hacen retratos o caricaturas a los turistas.

La película Amelie se filmó en Montmartre, causando un revuelo de proporciones enormes. Desde entonces muchos turistas visitan los lugares de filmación, incluso hay algunos tours dedicados a recorrerlos.

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Tiempo atrás en Montmartre llegó a haber quince molinos, de los cuales solo quedan dos. Servían para moler trigo, maíz, uvas e incluso piedra o yeso. Con los años perdieron importancia y desaparecieron. Le Radet y Le Blute-Fin son los únicos sobrevivientes y ambos forman el Moulin de la Galette, donde hoy funciona un exclusivo restaurant. 

Montmartre
Fachada del Moulin de Galette

Otra curiosidad son sus viñedos, los únicos y últimos viñedos de París, de la época en que Montmartre era una población independiente, a las afueras de la capital. Se ofrecen visitas guiadas privadas, aunque se pueden ver desde la calle. 

Calles de Montmartre

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La Ópera de París impacta. Ese colosal templo musical desborda la mirada sorprendida, rebosando con su abundancia impúdica los límites del lujo francés.

La colosal osamenta color arena refulgía bajo un tibio sol de primavera. Así la conocí. Soberbia y monumental. Maquillada con arcadas, columnas de mármol y frisos rebuscados. Su corona verde y un par de esculturas doradas remataban su figura palaciega con sonora contundencia. 

Opera de Paris
El espectacular interior del palacio Garnier, Paris

Su construcción duró 13 años, ya que fue interrumpida en varias ocasiones. Se encontraron cuevas con aguas subterráneas durante las excavaciones, se detuvo por la guerra franco-prusiana, la caída del Segundo Imperio Francés y la el movimiento llamado Comuna de París en 1870.

★ El teatro tiene una capacidad para 2.200 espectadores y en el escenario pueden entrar 450 artistas.

★El diseño del edificio es conocido como Napoleón III. La fachada está decorada con frisos de mármol, columnas, estatuas de la mitología griega y bustos en bronce de compositores famosos. El interior es simplemente soberbio. Me recordó a la fastuosidad del palacio Versalles. La araña pesa más de seis toneladas y el techo alrededor de la araña fue pintado por Marc Chagall. 

Techo de la Opera Garnier con frescos de Marc Chagall

★ En 1896, uno de los contrapesos cayó de la araña y mató a un hombre. Gastón Leroux, el escritor parisino, se inspiró en este evento para crear su libro “El fantasma de la ópera” que publicó en 1910. 

El edificio se inauguró en 1875. Aunque la Compañía de la Opera funciona en el Teatro de la Bastilla desde 1989, se lo sigue llamando popularmente como la Ópera de Paris. También se lo conoce como Palacio Garnier, en homenaje a su constructor, el arquitecto Charles Garnier.

Entrada: €14. Más información en la página web.

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Escultura sobre el techo del edificio de la Opera

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París tiene unas 200 iglesias pero hay cuatro que dejaron su huella indeleble en mi corazón.

  1. La Madeleine
  2. Sacre Coeur
  3. Sainte Chapelle
  4. Notre Dame

La Madeleine

Clásica. Sencilla. Presuntuosa. Su silueta de templo griego atraviesa el horizonte elegante de la Rue Royale, una avenida repleta de lujo y sofisticación. Las imponentes columnas de su fachada resplandecen desde las fuentes verdes y doradas de Place de la Concorde.

La Iglesia de la Madeleine cautiva con la sobriedad de sus formas armoniosas que ofrece un remanso de serenidad en el bullicio parisino. 

La Madeleine, Paris
Iglesia La Madeleine, Paris

★ Cuando esta zona de la ciudad fue completamente alterada por la construcción de la enorme Plaza de la Concordia, surgió la necesidad de erigir una iglesia más grande que la original. 

Su construcción fue ordenada por Napoleón como un templo dedicado a la gloria de su Armada. Estuvo a punto de ser la primer estación de trenes de Paris y finalmente se convirtió en iglesia. Las obras demoraron 85 años.

★ Posee 52 columnas corintias de 20 metros de altura. El friso de la fachada es un altorrelieve del Juicio Final. Las tres cúpulas que tiene no se ven desde el exterior. Su órgano es uno de los mejores de la ciudad. Su interior casi en penumbras le da un aire único a esta iglesia tan especial.

La Madeleine, Paris
La Madeleine, Paris

Altar de La Madeleine
Altar de La Madeleine

Tip secreto: pocos turistas saben que, sobre uno de los laterales de la iglesia, está la entrada al Foyer de la Madeleine, un restaurant que funciona en el subsuelo de la iglesia y ofrece un menú a precio imbatible en Paris (menos de 10 euros para almorzar). Es un proyecto que comenzó hace 50 años con el objetivo de reutilizar los sobrantes de comida y ofrecer platos caseros a la gente de menores recursos. Abre de lunes a sábados, solo al mediodía. 

Sagrado Corazón de Montmartre

Sus tres cúpulas interrumpen el temperamental cielo parisino. Debajo, la ciudad despliega sus colores de niebla sobre el horizonte, en silenciosa devoción a su peculiar estampa elegante.

La Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre emerge con la radiante blancura de un faro deslumbrante, que ilumina la comarca parisina desde la cima de su reinado.

Sacre Coeur, Paris
Vista del Sacre Coeur, Paris

★ La primera piedra se colocó en 1875 y fue consagrada como basílica en 1919. El secreto de su blancura se debe a que las piedras utilizadas en su construcción secretan una sustancia blanca (vidrio pulverizado) que con la lluvia blanquea el edificio.

★ El pórtico principal está adornado con estatuas ecuestres de Juana de Arco y Luis IX. La Savoyarde es el nombre de su campana, que es la más grande de Francia y una de las más pesadas del mundo. En la cripta, además de varias esculturas de santos y tumbas, se guarda una reliquia relacionada con el Sagrado Corazón de Jesús.

Sagrado Corazon de Paris
Fachada del Sacre Coeur

★ Algo que sorprende cuando uno visita el Sacre Coeur es el grupo de devotos rezando frente al Altar Mayor. Y es que esta basílica es un templo de adoración perpetua y sus fieles se turnan para mantener viva la oración 24 horas al día desde hace ¡125 años!

★ En comparación con otros edificios religiosos de París, muchos construidos en la época del Renacimiento, el Sacre Coeur es una iglesia bastante nueva, ya que apenas tiene un siglo de vida. Sin embargo, es el monumento religioso más visitado de París, después de la catedral de Notre Dame.

★ El Sacre Coeur es el punto más elevado de toda la ciudad lo que asegura una vista soberbia de Paris. La entrada a la basílica es gratuita. Si te interesa visitar la cripta o subir hasta la cúpula deberás pagar la entrada de 7€. 

Escalinata del Sacre Coeur
Cómo llegar hasta el Sacre Coeur:
  • A pie: deberás escalar los 200 escalones 
  • Funicular: desde Place Saint Pierre. 
  • Montmartrobus: una linea publica especial, con coches eléctricos y de pequeñas dimensiones para poder recorrer las calles estrechas. Funciona desde la plaza Pigalle hasta la zona de la Place du Tertre y Sacre Coeur.

Sainte Chapelle

”No te pierdas la Sainte Chapelle” me dijo mi anfitriona parisina la primera vez que pisé París. Por fortuna le hice caso y pude conocer esa obra de arte gótica que se esconde en la primorosa Ile de la Cité, la zona más antigua de la ciudad ubicada en medio del Sena.

Un océano de colores se filtraba por sus paredes vidriadas. En pocos segundos los azules y púrpuras que conquistaban la capilla de techo estrellado y esqueleto dorado me envolvieron el cuerpo y los sentidos. Y me perdí en los infinitos destellos de aquel arcoiris sagrado.

Sainte Chapelle, Paris
Sainte Chapelle, Paris

En 1241 llegaron a Francia algunas reliquias del martirio de Jesús, adquiridas por Luis IX y traídas desde Siria y Constantinopla. La corona de espinas, uno de los clavos que se usaron para crucificarlo y parte la cruz donde murió. El rey francés las dejó en la capilla de San Nicolás de la Conciergerie, que por entonces era su palacio, hasta que se construyera una capilla para guardar las reliquias.

★ La Sainte Chapelle se construyó en apenas 7 años y fue consagrada en 1248.

★Durante la Revolución Francesa retiraron las reliquias de la Sainte Chapelle, y se guardaron en Notre Dame hasta su incendio en 2019. 

★ El edificio está considerado como una obra maestra del gótico radiante. Posee dos capillas, la inferior para la gente común y la superior que era para la corte del rey exclusivamente.

Techo de la capilla inferior de Sainte Chapelle

★ Las paredes de la capilla alta son ventanales de mas de 15 metros (que parecieran ser mucho mas altos) donde están representadas diferentes escenas religiosas, desde el Génesis hasta la Resurrección de Cristo. Milagrosamente se mantuvieron a salvo de los destrozos de la revolución porque habían sido cubiertas por archivos.

★ Entrada €10. Incluida en el Paris Pass.

Sainte Chapelle, Paris
Ventanales de la Sainte Chapelle

Notre Dame de París

Andaba de acá para allá por las calles de París, con el espíritu alborotado, cargando un fardo de emociones a cuestas. Apenas crucé la puerta de madera, el sagrado peso de su historia me aplastó con inclemencia. Las lágrimas brotaron indómitas, imposibles de contener con la pequeña servilleta manchada de pollo al curry, rescatada en el almuerzo. Escuchaba el retumbar de mi corazón dentro de aquellas gruesas paredes de piedras ancestrales. Me paré frente al altar, envuelta por los colores salvajes de los vitrales. 

Puerta de Notre Dame, Paris
Puerta de Notre Dame

Mil años atesorados dentro de su esqueleto espigado. Testigo de guerras, pestes y revoluciones. Estaba en el mismo lugar donde reyes y emperadores dejaron su huella indeleble y a mí el alma se me hizo agua. 

Recuerdo que agradecí mi presencia en ese lugar con cada fibra del cuerpo. Agradecí mucho. Tanto como lloré. Y desde entonces llevo a Notre Dame tatuada en el corazón.

Roseton de Notre Dame
Roseton de Notre Dame, Paris

Se comenzó a construir en 1163. Su órgano, el más grande de Francia, estuvo en funcionamiento desde 1733. 

★ Tras la Revolución francesa, fue descalificada como iglesia. Muchos de sus bienes fueron robados y profanados. Se usó como almacén hasta que en 1802 Napoleón la recuperó como templo católico. Se coronó como emperador de los franceses en Notre Dame dos años después.

★ Gracias a la novela Nuestra Señora de Paris de Victor Hugo, el interés popular por la  catedral se reavivó, lo que llevó a su restauración y limpieza. 

Notre Dame, Paris
Notre Dame, Paris

★ El 15 de abril de 2019 un incendio descomunal devoró dos tercios del techo. La aguja se desmoronó y los rosetones sufrieron graves daños. Las reliquias de Cristo que se guardaban en una capilla de la catedral y la Túnica de San Luis, fueron salvadas. Están en el Ayuntamiento de París hasta su reapertura. 

Notre Dame, Paris
Notre Dame y el Sena, Paris

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Un palacio barroco rodeado por jardines sofisticados integran este oasis en el corazón de París

Lo descubrÍ de casualidad, la segunda vez que visité Paris. Caminábamos sin rumbo por las calles de Saint Germain des Pres, ese sofisticado y florido barrio parisino que se extiende a lo largo del boulevard atestado de marcas de lujo, bares legendarios y galerías de arte.

Doblamos en Rue Bonaparte. A nuestras espaldas el mítico café Le Deux Magots nos contemplaba con la mirada impávida. Diez minutos después nos encontramos con un colorido despliegue de flores, una alfombra de césped que parecía pintada a mano y una multitud de parisinos leyendo, comiendo y durmiendo bajo el tímido sol de la primavera demorada. Su majestuosidad nos abrazó sin prisa y nosotros nos dejamos abrazar.

Jardines de Luxemburgo
El despliegue de colores de los jardines de Luxemburgo

Historia de los Jardines de Luxemburgo

Se trata de uno de los parques públicos de París y son los jardines del Palacio de Luxemburgo, un edificio barroco construido en el siglo XVII donde funciona el Senado francés.

Lo mandó a construir María de Médici después del asesinato de su esposo, el rey Enrique IV. La Regente de Francia quería vivir en un lugar que le recordara al palacio fiorentino donde pasó su niñez, el Palazzo Pitti de Florencia. No le gustaba alojarse en el Louvre, palacio real donde residía la monarquía francesa por entonces. Quería alejarse de las intrigas de la corte. María se instaló en 1624 en el palacio aunque su construcción no había terminado.

Durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes lo utilizaron como cuartel y construyeron un búnker en el jardín.

Palacio de Luxemburgo, sede del Senado francés
Palacio de Luxemburgo, sede del Senado francés

Dentro del parque hay un estanque, un carrusel y zonas de juegos para niños. Se ofrecen actuaciones musicales gratuitas. Hay una cafetería-restuarant, canchas de tenis y de basquet. Contiene muchas esculturas y una serie de estatuas de antiguas de reinas francesas. Se ofrecen actividades lúdicas y educativas, como clases de apicultura y horticultura. 

Jardines de Luxemburgo
Uno de los estanques de los Jardines de Luxemburgo

En los invernaderos se cultivan las flores que sirven para decorar los jardines y el edificio del Senado. Guardan una colección de más de 10.000 orquídeas.

El horario de apertura del parque depende de los horarios de luz solar y varía según la estación del año.

Más información en la página oficial de los jardines.

Jardines de Luxemburgo
Los parisinos disfrutando de los Jardines de Luxemburgo

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El antiguo hospital parisino de Luis XIV, injustamente olvidado.

La imponente cúpula dorada resalta sobre los techos grises. Como una joya preciosa, corona el majestuoso camino trazado sobre el Sena por el puente Alejandro III, esa pasarela soberbia enmarcada por columnas refulgentes. 

Palacio de Les Invalides en Paris
Palacio de Les Invalides en Paris

Su extraordinaria estampa deslumbra incluso en medio de la lujuria arquitectonica de París. Un faro radiante y ambarino que anticipa la grandeza de su historia, atrapada en sus paredes. Sin embargo, muchas veces la visita al Hôtel National des Invalides se pierde en la apabullante oferta de atracciones que ofrece París.

Historia de Los Inválidos

El edificio de Los Inválidos se construyó por orden de Luis XIV, conocido como el rey sol, en 1670 para darle asilo a los veteranos inválidos de guerra que se quedaban sin hogar. A fin del siglo XVII albergaba a 4.000 hombres, quienes desde su retiro confeccionaban uniformes y calzado para el ejército. El hospital aún sigue en funcionamiento.

La principal atracción de Les Invalides es la tumba imperial de Napoleón Bonaparte, que fueron repatriados en 1840 por Luis Felipe I desde la isla de Santa Helena donde murió en 1821.

Tumba de Napoleón Bonaparte
Tumba donde descansan los restos del emperador Napoleón I en Los Inválidos

Sus restos descansan en un inmenso sarcófago de cuarzo rojo sobre un bloque de granito verde en la Catedral de San Luis des Invalides, también llamada Iglesia de los Soldados. Alrededor de la tumba de Bonaparte reposan los restos de varios mariscales y jefes militares.

Cúpula de Los Inválidos

La cúpula dorada, que pertenece a la iglesia del Domo, tiene 107 metros de altura y está cubierta por 12 kilos de oro de 24 kilates repartidos en 550.000 láminas. 

Cupula de Los Inválidos Paris
Interior del Domo de Los Inválidos en París

En el interior del edificio de Los Inválidos se encuentran el Museo de la Armada, el Museo de la Artillería (te lo recomiendo mucho porque es espectacular) y el Museo de Historia Contemporánea.

Los Invalidos Paris
Antiguos cañones exhibidos en Los Inválidos

Los Inválidos: Precios y horarios

El precio de la entrada general para visitar Los Inválidos es de €14. La entrada da acceso a las colecciones permanentes, a la iglesia del Domo, a la tumba de Napoleón I, a la catedral de San Luis de los Inválidos, al Historial Charles de Gaulle, a la exposición temporal, al museo de la Orden de la Liberación y al museo de Planos en relieve.

Abierto todos los días de 10 a 18 hs.

Más información en la página web de Los Inválidos.

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Tips para conocer algunos de los lugares no tan turísticos de Francia

Durante la eterna cuarentena argentina, me dediqué a hacer vivos compartidos en mi cuenta de Instagram (@destinosymaletas). No fue una idea demasiado original… durante estos interminables días de encierro, a veces desquiciante, el 90% de los que tenemos cuenta en esa red social, nos abocamos con desmedida intensidad a generar este tipo de contenidos.

En mi caso en particular, lo hago con el objetivo de informar y entretener a mis seguidores, acompañarlos y ayudarlos a pasarla un poco mejor, mientras seguimos soñando con los viajes, incluso desde el pesado aislamiento que debemos cumplir.

«EL LADO OCULTO» es una serie de charlas en las que hablamos de diferentes destinos europeos, desde una mirada local y menos turística. En cada episodio me acompaña un invitado/a especial, personas que viven o vivieron en ese lugar, o que la han visitado varias veces y tienen un conocimiento mayor al de un turista de a pie. Podes encontrar todas las grabaciones de los vivos en mi canal IGTV.

Burdeos, la capital de la región

Me di el lujazo de compartir un VIVO con la queridísima @chinaenfrancia.

Esta carismática porteña, nos contó de su vida en la campiña francesa, que comparte con su mari-novio argento, sus 2 hijos paridos en francés, 1 perra y un par de vacas de mascotas. La China nos dió muchísima info de la región donde vive (La Nouvelle-Aquitaine) una región mundialmente famosa por su producción de vinos principalmente, pero que esconde tesoros dignos de descubrir.

Porque Francia es mucho más que Paris!!!


DESCUBRÍ NUEVA AQUITANIA

CUÁNTOS DÍAS: para hacer un recorrido interesante de toda esta región, te recomiendo que destines unos 7 días.

CÓMO RECORRERLA: como siempre, lo mejor es alquilar un auto. Otra gran alternativa es alquilar una casa rodante. Una unidad bien equipada para 4 pasajeros ronda los €100 x día (€25 x persona) una opción super económica, teniendo en cuenta que podés cocinar ahí mismo, por lo que el gasto general es muy inferior al de pagar alojamiento, comidas y alquiler de auto. PARA TENERLO MUY EN CUENTA!

LOGÍSTICA: hacer base en Burdeos, la capital de la región y una de las ciudades más importantes de Francia. Desde ahí visitar algunos de los cientos de pueblitos cercanos. Por otra parte, quedarse a dormir en alguno de las decenas de poblados de esta región tiene una magia única. Si te seduce ese plan, con 2 o 3 días en Burdeos es suficiente para darte una idea de la ciudad. 

BORDEAUX (Burdeos): es una magnífica ciudad portuaria. Su «Puerto de la Luna» fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Tiene un centro histórico magnífico, muy buena oferta gastronómica (con una fuerte influencia española), mucha movida de noche y varias zonas comerciales. La espectacular Place de la Bourse es el emblema de la ciudad. Frente a la Plaza, está el famoso Espejo de Agua (el más grande del mundo con 3.450 m2), una espectacular obra que combina efectos extraordinarios de espejo y niebla.

RUTAS DEL VINO: Burdeos es la región de vinos finos más extensa del mundo! Y por estos pagos no hay una, sino CINCO rutas para recorrer.

  • El Médoc y la ruta de los castillos: se hace en bici, desde Burdeos hasta Grave. En este territorio se cosechan algunos de los vinos más prestigiosos del mundo, como el Latour, Lafite Rothschild o Mouton Rothschild.
  • De Bourg-sur-Gironde a Blaye: esta célebre ruta es famosa por los pueblecitos de piedras amarillas, ruinas galo-romanas, iglesias románicas y pequeños puertos con vistas al estuario de la Gironda.
  • De Saint-Emilion a Côtes de Francs: recorre la orilla derecha del Dordoña hasta el Libournais, pasando por el pueblo medieval de Saint-Emilion, Patrimonio de la Humanidad.
  • De Burdeos al bosque de las Landas: en esta ruta se recorren los viñedos donde se cultivan los únicos vinos blancos de Burdeos, como el Pessac-Léognan, Barsac o Sauternes.
  • Entre Dordoña y Garona: este recorrido transcurre entre pueblos medievales, abadías y castillos, moradas de artistas y escritores famosos.
Vista del Rio Dordoña, uno de los más importantes de la región

PLAYAS CERCANAS

  • Soorts-Hossegor: excelente playas de arena y un lago de agua salada  
  • Biscarrosse: inmensas playas de arena fina y blanca, lagos de agua dulce y pinares entre dunas y valles.

PUEBLITOS PARA VISITAR 

  • Agen: ciudad pintoresca, con cafecitos muy lindos, para pasar un rato.
  • Monflaquin: pueblo medieval, elegido como uno de «Les plus beaux villages de France» (los pueblos más bellos de Francia) en 2018.
  • Arcachon: y sus dunas espectaculares, a 50 km de Burdeos.
Saint Emilion

PAÍS VASCO FRANCÉS

  • Bayonne 
  • San Juan de Luz
  • Anglet 

Nuestro primer viaje a Europa fue, por decirlo elegantemente, de miseria absoluta.

Habíamos comprado los pasajes meses atrás, cuando nuestra situación económica era muy diferente a la realidad que vivíamos cuando tuvimos que subir al avión. El presupuesto que manejábamos con el salteño, era más corto que patada de chancho.

Nos fuimos igual, en contra de toda lógica. No queríamos perder los pasajes (cambiarlos de fecha era más caro que comprarlos nuevamente) y porque somos, en definitiva, dos kamikazes irresponsables.

El viaje ameritaba una serie de ajustes drásticos, el más importante era el tema del alojamiento y la opción que mejor se adaptaba a nuestros escasos fondos presupuestarios era evidente: debíamos dormir en hostels.

«Obvio que tenemos que dormir en hoteles» me aseguró el señor oriundo del norte, aquella tarde de abril, unas semanas antes de nuestra fecha de partida. Aún recuerdo su cara de preocupación ante mi comentario ridículo…

Adivinando que no había entendido lo que quise decir, le aclaré: «No amor. Vamos a dormir en un HOSTEL, con S en el medio, no en un HOTEL».

«Eso no existe» me respondió, con la seguridad de un señor de más de 5 décadas que no estaba dispuesto a debatir los conceptos más básicos de la sociedad moderna. Le expliqué entonces, a grandes rasgos y sin ahondar en detalles, las diferencias sustanciales entre hotel y hostel. Y le comenté, gráficamente, que la diferencia de tarifa que teníamos entre hospedarnos las 5 noches en Barcelona era de casi el doble…

«Tripa corazón, mi amor. Es esa o no viajamos…» le dije, sabiendo que por la guita baila el mono. 

«Bueno… está bien» refunfuñó con cara de pocos amigos, dejando bien clara su postura, completamente en contra de semejante demencia.

El primer hostel que pisamos (el de Barcelona) resultó ser un primor absoluto. Ubicado en el coqueto y refinado barrio Eixample, la zona más «nueva» de la ciudad (aunque data del 1860). Una casona antigua, remodelada con exquisitez. Pulcro, ordenado, decorado con sencillez, buen gusto y dedicación, un combo insuperable. Pocas habitaciones, todas privadas. Una cocina de novela, super equipada, por te querías cocinar algo. Los baños, aunque compartidos, resultaban más que suficientes por la cantidad de huéspedes. El servicio impecable. Maravillosa experiencia.

El segundo destino fue París, ciudad que se caracteriza por hotelería cara, habitaciones mínimas y  demanda permanente.

Los hostels estaban todos completos, deberíamos quedarnos en un hotel… Fue un desafío olímpico buscar uno que no sea demencialmente caro, razonablemente bien ubicado y sencillamente decente.

Frente al espectacular Palacio Garnier, la Opera de Paris

Después de una exhaustiva investigación, elegí uno con ubicación insuperable (a 200 metros de las Galerías Lafayette) y un precio accesible. Los comentarios en Booking lo calificaban como bueno a secas, sin grandes lujos pero normal. 

«Cuán feo podía ser? Conque esté limpio y tenga una buena cama, suficiente!» me dije a mí misma. 

La llegada a París fue inolvidablemente estresante. 

Nuestro vuelo desde Barcelona llegaba al aeropuerto de Beauvais, ubicado a 80 km de la capital francesa, a las 19.30 hs. Media hora después tomaríamos un bus que en 1 hora y cuarto nos dejaría en Porte Maillot, donde se encontraba una estación de metro. Haciendo dos combinaciones con otras lineas, terminaríamos el periplo a unos 300 metros del hotel elegido, llegando a las 22 hs aproximadamente.

La teoría sonaba perfecta. Pero la teoría muchas veces no coincide con la práctica…

Aterrizamos puntualmente. A partir de ese instante, se desató la famosa «serie de eventos desafortunados». 

Un percance técnico en el aeropuerto, nos retuvo casi media hora dentro del avión. Las valijas pasaron por el infierno y el purgatorio de Dante antes de llegar al paraíso de nuestras manos.  La terminal estaba en plena construcción, repleta de desvíos y demoras extras. 

Después de la interminable carrera de obstáculos, llegamos a la parada de micros, donde el nuestro brillaba por su ausencia. El próximo partía en 30 minutos. Mi mente frenética hacia cálculos… estábamos demorados, pero no era nada crítico. 

El punto crucial en este embrollo matemático, era el horario del metro. Recordaba haber leído que algunas líneas funcionaban hasta las 23 hs… lo que no me acordaba con exactitud era si «nuestra línea» era una de ellas.

Si llegábamos tarde y la estación del metro estaba cerrada, había que tomar taxi hasta el hotel, lo que significaba desembolsar unos 70 euros… Una fortuna para nuestros esqueléticos bolsillos.

Partimos del aeropuerto pasadas las 20.30 hs. A los pocos minutos ya estábamos en la autopista. «Relax, estamos bien de tiempo, no te preocupes» me decía a mí misma, intentando tranquilizarme.

Me acomodé en la butaca, cerré los ojos y empecé a respirar en forma consciente. Necesitaba una pequeña dosis de mi ritual espiritual para sosegar mi alma atribulada.

En medio de mi meditación express, un sacudón me trajo rápidamente al planeta tierra. 

Estábamos completamente parados en medio de un mega-embotellamiento de tráfico. Miles de luces rojas de stop y amarillentas balizas intermitentes alumbraban el cemento de la ruta, como un árbol de navidad, completamente inoportuno. Ahí nos quedamos unos cuantos minutos, que mi ansiedad contabilizó como eternas horas, hasta que el bus empezó a moverse, lenta y dolorosamente. 

Así comenzó nuestra marcha, avanzando a velocidad de tortuga cuadripléjica.

En la terraza de las Galerias Lafayette

La meditación pasó al olvido y me zambullí en una abrupta plegaria religiosa. Pensar en el despilfarro de una suma tan exhorbitante (para nosotros) de 70 euros en un taxi (equivalente a 7 comidas, 2 noches de hostel en Roma, 28 viajes en bus, etc, etc) me carcomía la existencia.

Los minutos avanzaban con rapidez inusitada, proporcionalmente inversa a la velocidad del micro, que parecía arrastrarse en cámara lenta. La supuesta hora y cuarto se duplicó por arte de magia y la hora clave (23 hs) nos encontró sentados en las incómodas butacas del bus. 

El salteño, completamente ajeno a mi sufrimiento, estaba inmerso en otra película. Contemplaba con una inmensa sonrisa, la lejana y deslumbrante silueta de la Torre Eiffel, que brillaba con sus miles de luces, por primera vez en su vida. Un faro resplandeciente que hacía bailar su corazón. Yo, desbordada por la ansiedad, intentaba detener mentalmente los segundos que se escapaban inexorablemente del reloj. 

Llegamos a la estación de subte a las 23.15 hs. 

«Ojalá me haya equivocado» me repetía una y otra vez, como un mantra que nos protegería del amenazador derroche. Sentí entonces, el particular temblor del metro pasando debajo de nuestros pies. Un estremecimiento me invadió y la preocupación se evaporó súbitamente. 

Me equivoqué! grité de alegría al cielo, al tiempo que agradecía al universo, al santoral completo, a Dios y cuanto personaje con trascendencia celestial se me cruzó en la plegaria. Sentí el cuerpo liviano y el espíritu tranquilo. Nos sentamos en un vagón desierto y me relajé completamente, mientras el glorioso vaivén se llevaba los fastidiosos restos del estrés acumulado. 

Salimos del metro a medianoche y la penumbra de París nos envolvió ferozmente. Cada uno de los músculos de mi cuerpo temblaban de cansancio, pero nos faltaban unos metros para llegar a la meta final. La promesa de una cama mullida y caliente me reconfortaba milagrosamente. 

Llegamos a la puerta del hotel, donde debíamos instalarnos durante una semana. Lo miré al salteño, quien inmediatamente me leyó el pensamiento.

Entramos en el lobby del hotel, haciendo un esfuerzo colosal para no huir despavoridos…

Al entrar al hotel, cruzamos un umbral cósmico, rumbo a un espacio paralelo. Nos convertimos en los improvisados protagonistas de una bizarra película de terror, un aterrador thriller de bajo presupuesto.

El infernal olor a humedad, mezclado con un tufo rancio de procedencia desconocida, nos dió la bienvenida. El hedor era tan fuerte que parecía haberse corporizado, lo presentía a nuestro alrededor, moviéndose burlonamente por toda la sala.

La gastada alfombra, de un intenso y doloroso fondo violeta con extraños arabescos negros, mostraba sus peligrosas hilachas en el surco descolorido, que iba desde la puerta a un mostrador enclenque, donde un inmenso gato negro, con ojos endemoniados, nos miraba fijamente. Dos sillones destartalados, de un color espantosamente indescriptible, descansaban solitarios contra las paredes empapeladas de una dudosa tonalidad lila. 

La tenue luz, que parpadeaba rítmicamente al son de una suave melodía oriental, un extravagante bálsamo sensorial, ajeno al espeluznante ambiente donde nos encontrábamos, le daba el toque final al estremecedor escenario

El salteño me agarró fuerte de la mano, temiendo que salga corriendo en cualquier momento. 

La escalera de la iglesia de La Madeleine estaba repleta de flores!

El cansancio infinito que sentía en mi cuerpo me obligó a emitir un débil «Hello».

Una silueta emergió del cortinado negro que colgaba, burdamente, atrás del mostrador. Era un joven hindú, de piel tersa, ojos distraídos, enfundado en un ajustado traje oscuro, corbata violeta furioso (a tono con la alfombra…) y una sonrisa digna de publicidad de pasta de dientes. El gato, fiel guardián del nefasto decorado, nos escrutaba descaradamente con ojos de Halloween.

«Tenemos una reserva » le dije, con un hilo de voz. 

Rápidamente el hindú confirmó la información y nos dió la llave del cuarto. 

La idea de comer algo en el hotel había desaparecido en el mismo instante que cruzamos el umbral y nos sumergimos en aquel escalofriante inframundo del hotel parisino.

Nuestra habitación era en el segundo piso. El hotel no tenía ascensor, un detalle intrascendente, teniendo en cuenta la situación general… Por otro lado, sólo viajábamos con un carry-on cada uno (cosas que se aprenden viajando…)

La escalera consistía en un inhóspito pasadizo de medio metro de ancho, una incómoda serie de irregulares escalones torcidos, tapizados con otra alfombra pestilente de color fucsia rabioso, y una débil luz azul que remataba la tétrica identidad de nuestro peculiar alojamiento.

Después de una dificultosa subida de costado, al estilo cangrejo, llegamos a la puerta de nuestra habitación. El pasillo, completamente oscuro, nos envolvió con una desagradable variable aromática, que nos anticipaba un espectáculo siniestro…

Cuando entré en aquel cuarto, el cansancio de haber estado «de viaje» casi todo el día, el estrés acumulado por horas y la sensación de repulsión por el lugar me desbordaron.

Las lágrimas me brotaron sin contención. 

La habitación consistía en un cubículo diminuto, impregnado del desagradable y ya familiar tufo. La cama (un colchón de antigüedad dudosa, que de limpia y mullida tenía muy poco) estaba apoyada contra dos paredes grises y el lugar para moverse alrededor de la cama era milimétrico. Las valijas quedaron aprisionadas en un pequeño espacio detrás de la puerta y nosotros parecíamos contorsionistas al movernos.

El baño se reducía a un oxidado duchador, tristemente colgado de la pared de mosaicos verde manzana (la afición del «decorador del tren fantasma» por los colores estridentes era notoria), sin cortina ni mampara. El aterrador toilette se completaba con una antigua pileta a punto de desplomarse, colocada incómodamente para los valientes huéspedes que se animaran a lavarse las manos o los dientes en semejante pocilga. El inodoro brillaba por su ausencia!

Resultó ser un particular «baño en capítulos» (?!?!?). La segunda parte se encontraba a unos 10 metros de distancia. Se trataba de otro cubículo, tan infame como el privado, donde un artefacto sanitario, en condiciones deplorables obviamente (para no desentonar con el resto de la escenografía espeluznante) aguardaba las visitas.

Al salir de «esa parte del baño», completamente shockeada, tuve la sensación de estar deambulando dentro de la casa de Psicosis… 

«En cualquier momento me cruzo con Norman Bates» pensaba irónicamente, mientras caminaba por el lúgubre pasillo de regreso a la habitación cuando PUM! me tropecé con un sombra que se movía en sentido contratrio. Se trataba de otro huésped del hotel terrorífico, que caminaba muy apurado rumbo al «baño capitulo 2». El señor me murmuró algo ininteligible (una disculpa quizás…) que me llegó envuelto en una nube con olor a whisky barato.

Estaba decidida a huir del laberinto del terror inmediatamente. Pero eran las 12 y media de la noche, estábamos agotados y la idea de salir a dar vueltas con las valijas, no era muy seductora. El salteño logró calmarme, con la condición de irnos al otro día. 

Abrimos la ventana de par en par, y el aire fresco de la noche comenzó a diluir el tufo nauseabundo que nos envolvía. 

Nos recostamos sobre la cama, completamente vestidos, a mirar la luz de la luna sobre los techos de París, hasta que nos quedamos dormidos.

Érase una vez, allá por mayo del 2015, cuando el salteño y yo habíamos logrado alcanzar, casi caprichosamente, uno de nuestros grandes pendientes: hacer un gran viaje juntos. 

Nuestra relación había cumplido 4 años y nosotros unas cuantas décadas (él una más que yo), según marcaban despiadadamente nuestros documentos y el cruel calendario. Más allá de la obscena cifra resultante de la suma de nuestras edades, el sobresaltado noviazgo distaba años luz a la calificación de madura y se asemejaba bastante más a la de unos ventiañeros inexpertos, que poco sabían del amor, de una pareja, incluso de la vida misma.

El mayor de nuestros problemas de ese momento (a los dos nos gusta ir variando la problemática para no aburrirnos rápidamente…) era el económico.

Unos meses antes, gracias a mi infalible estrategia agotamiento psicológico, había logrado convencerlo de comprar los pasajes en cómodas cuotas, cuando envalentonados por una buena racha de venta, nos subimos a una ola de despiplume derrochador. 

Días después empezó la debacle. 

Pedidos cancelados. Pagos incumplidos. Clientes que desaparecían misteriosamente. Todo parecía un descomunal complot magistralmente orquestado con el fin de boicotear nuestro tan deseado viaje. Mi co-equiper atravesaba un momento, por decirlo decorosamente, descomunalmente caótico. Sus fluctuantes ingresos de entonces, se desplomaban irremediablemente como las hojas de los árboles con la llegada del otoño. 

El desbarajuste de guita que nos rodeaba era de tal magnitud, que nos encaminaba irremediablemente a la segura cancelación del viaje. Vivíamos cada día como una agonía repartida entre la ansiedad de que llegue la fecha de partida y el desconsuelo de no poder viajar…

Estaba segura que no iba a subirse al avión.

Yo esperaba su fatídico mensaje. Cuando el teléfono me anunciaba su llamado, yo predecía mentalmente la lapidaria frase: NEGRA (si, aunque no lo creas me dice negra…?) NO VOY A VIAJAR, ES UNA LOCURA. 

En esa inquietante espera coloreada con tonalidades de enojo y desazón, fueron pasando los días. 

Incluso mientras hacíamos la fila de migraciones en Ezeiza, la sensación de intranquilidad se había fundido con el fluir de la sangre, recorriendo con violencia mis venas. 

Estaba segura que en cualquier momento se iba a dar vuelta, arrepentido y carcomido por la culpa, ante semejante despilfarro de guita que teníamos por delante.

Pero mi nefasto pronóstico, afortunadamente falló.

Se subió, aterrado ante la perspectiva de un vuelo de 12 horas (viajar en avión le cae muy antipático) y desbordado emocionalmente por la irresponsabilidad de nuestra aventura.

Del otro lado del océano nos esperaba Barcelona. 

Durante los 5 días de nuestra estadía, la situación fue relativamente tranquila, aunque la preocupación nos sobrevolaba discretamente. Decidimos no visitar las principales atracciones turísticas, más por falta de interés que por plata, (él nunca fué aficionado a las atracciones turísticas y yo ya estaba un poco agotada de ellas), con excepción de la Sagrada Familia, una apuesta bien jugada que supo estrujarnos las tripas y desbordarnos la emoción. 

Pero nuestro segundo destino nos aguardaba anhelante, afilando sus garras despiadadas, dispuesto a destrozarnos los bolsillos y el precario humor que supimos construir en esos días, simulando que el monstruo de nuestra complicada economía ya no nos perseguía. 

En la terraza de las Galerias Lafayette, con una de las mejores vistas de Paris

París, tan soberanamente espléndida para billeteras abultadas como cruel para presupuestos ajustados, desplegó sus encantos frente a nuestros deseosos ojos: vidrieras inimaginablemente tentadoras repletas con montañas de quesos, ventanas invadidas por comidas humeantes, mesitas redondas con manteles cuadrillé adornadas con vinos de colores y pasteles rozagantes. Un descomunal derroche de abundancia gastronómica que se nos escapaba inevitablemente, cuando nuestra afligida mirada se posaba dolorosamente en los precios desfachatados, que bailaban frenéticamente en los carteles de boulangeries (panaderías), fromageries (queserías) y épiceries (fiambrerías), o en los menúes orgullosamente exhibidos en la puerta de sus cautivantes restaurantes.

A las pocas horas de nuestra visita parisina el panorama era tan claro como brutal: había que hacer economía de guerra.

La solución, para mí, era evidente: deberíamos ser muy cuidadosos con nuestros gastos de comida. En lo personal, me resultaba muy sencillo implementar esta medida. Más allá de mi desmesurado aprecio por el morfi, podía subsistir sin problema «picando por ahí» alguna de las innumerables y tentadoras delicias que se encuentran en los puestos callejeros que colonizan los caminos parisinos, una de mis actividades preferidas cuando viajo. 

El salteño aceptó desganado. Pero el acuerdo duró muy poco.

A las 24 horas, llegó el ultimátum.

Milagrosamente había salido el sol, bautizando aquella radiante mañana de primavera. Sentados en una improvisada mesa con dos banquetas, saboreábamos nuestro frugal desayuno, un discreto café para el señor, té para la señora, acompañados por una tibia croissant, exquisitamente crujiente, preparados con esmero por una anciana iraní, tan arrugada como simpática. La señora atendía un diminuto local casi escondido, justo enfrente a nuestro hotel y fue uno de los mejores hallazgos que hicimos al instalarnos en Montmartre, nuestro hogar por los próximos 5 días.

Los Jardines de Luxemburgo, uno de nuestros lugares preferidos en París

Entre dos sorbos de café, el salteño me estampo su resolución, completamente incuestionable por mi parte.

Muy serio me dice: NEGRA (después de tanto tiempo, todavía me parece ridículo su cariñoso apodo, teniendo en cuenta que soy pelirroja!) EN BUENOS AIRES GASTO 200 PESOS POR DÍA, O SEA 14 EUROS (al cambio de aquellas épocas doradas). A PARTIR DE AHORA, TE GUSTE O NO TE GUSTE, VOY A GASTAR ESO EN MI COMIDA. VOS HACÉ LO QUE QUIERAS.

La lógica del planteo era innegable y el reclamo justo. Los 5 kilos menos que acusó la balanza el día anterior, era un argumento tan sólido que no se podía rebatir. A partir de ese día, nuestro presupuesto gastronómico se estabilizó en los 14 euros por día para cada uno.

Y fuimos felices, aunque no comimos perdices!

Recorrido esencial por Europa: Londres, Amsterdam, Bélgica y Paris.

Paseando por Brujas.
SEPTIEMBRE 2019

Londres – Amsterdam – Volendam – Marken – Edam – Zaanse Schans – Bruselas- Brujas – Gante – Paris

Este es el recorrido qué organicé para el viaje de Mujeres&Maletas que hicimos en agosto de 2019 . ¡Ojalá te sirva!

DIA 1

  • Salida desde Ezeiza, aéreo Bs. As – Londres

DIA 2

  • Medio día en Londres
  • Noche en Londres

DIA 3

  • Día en Londres
  • Noche en Londres

DIA 4

  • Día en Londres
  • Noche en Londres

DIA 5

  • Día en Londres
  • Noche en Londres

DIA 6

  • Día en Londres
  • Noche en Londres

DIA 7

  • Medio día en Londres
  • Tren Londres – Amsterdam
  • Noche en Amsterdam

DIA 8

  • Día en Amsterdam
  • Noche en Amsterdam

★ DIA 9

  • Día completo en Edam, Marken, Volendam
  • Noche en Amsterdam

★ DIA 10

  • Recorrido medio día por Zaanse Schans
  • Medio día en Amsterdam
  • Noche en Amsterdam

★ DIA 11

  • Tren Amsterdam – Bruselas
  • Medio día en Bruselas
  • Noche en Bruselas

★ DIA 12

  • Día completo en Brujas – Ida y vuelta en tren desde Bruselas
  • Noche en Bruselas

★ DIA 13

  • Día completo en Gante – Ida y vuelta en tren desde Bruselas
  • Noche en Bruselas

★ DIA 14

  • Tren Bruselas – París
  • Medio día en París
  • Noche en París

★ DIA 15

  • Día en París
  • Noche en París

★ DIA 16

  • Día en París
  • Noche en París

★ DIA 17

  • Día en París
  • Noche en París

DIA 18

  • Día en París
  • Noche en París

DIA 19

  • Medio día en París
  • Aéreo París – Buenos Aires

DIA 20

  • Llegada a Ezeiza

Hoteles seleccionados

Londres: 5 noches en Hotel Strand Palace (muy recomendable, muy bien ubicado, en Convent Garden)

Amsterdam: 4 noches en Hotel NH Collection Grand Hotel Krasnapolsky (ubicación inmejorable, excelentes habitaciones y servicio. Excelente desayuno. Lo recomiendo definitivamente)

Bruselas: 3 noches en Hotel NH Brussels Grand Place Arenberg  (es bueno, pero no estuve al nivel de lo esperado, no repetiría)

Bruselas: 5 noches en Hôtel Les Matins de Paris & Spa (un hotel boutique precioso, excelente atención y servicio. Muy buen desayuno. Los cuartos chicos como la mayoría de las habitaciones en Paris. La ubicación es buena. Una alternativa para tener en cuenta)


No hace falta gastar muchos euros para conocer el alma de París.

Llegué a Paris “casi” en contra de mi voluntad. Fue en mi primer viaje a Europa, allá por el 2010, cuando me animé y tomé una de las mejores decsiones de mi vida: CELEBRAR MIS 40 AÑOS SOLA EN EUROPA. Si te interesa conocer los detalles de aquellos locos acontecimientos que desembocaron en el viaje, ACÁ TE CUENTO.

Te contaba… París nunca estuvo en mis planes. Mi único objetivo era Italia, precisamente Roma, todo lo demás era adorno.

Pero la vida a veces se encapricha (afortunadamente) y resultó ser París la primer ciudad europea que conocí.

Quizás fue porque mis expectativas eran nulas. Y aunque no había una sola persona que no me hubiera presionado para que la conozca y me hable maravillas de ella, que la alabe indiscriminadamente, yo no tenía ningún interés por la capital francesa.

Quizás fue porque era mi primer viaje. O quizás fue porque París es, sencillamente, la exquisitez convertida en ciudad.

París me enamoró, desconsolada y perdidamente y se convirtió, sin buscarlo, en una de mis ciudades preferidas en el mundo. 

Y si vas a ParÍs, no te pierdas ESTAS 14 actividades GRATUITAS

1. Hacer un free walking tour. Es lo primero que hago cuando llego a una ciudad que no conozco. Te recomiendo los tours de Sandemans, los mejores siempre!!!

2. Caminar por Champs Elysees y contemplar el Arco de Triunfo.

Caminar por Champs Elysees y contemplar el Arco de triunfo

3. Conocé el lujo extremo en la Place Vendome

4. Sorprendete con el barrio más antiguo de Paris: Ile de la Cité.

5. Hacer un picnic en los maravillosos Jardines de Luxemburgo.

Jardines de Luxemburgo

6. Saborear los infinitos aromas y sabores en la tienda gastronomica más fabulosa de París: La Grand Epicerie.

7. Sentite parisino en alguno de los míticos bares del precioso barrio Saint Germain (te recomiendo Deux MagotsCafé de Flore.

8. Admirar la magnifica cúpula de las Galerías Lafayette y disfrutar una de las mejores vistas de Paris desde su terraza. 

Vista de Paris desde la terraza de Galerías Lafayette

9. Deslumbrate con el espectáculo de luces de la Torre Eiffel cada noche.

10. Visitar el Museo de Bellas Artes de Paris, conocido como el Petit Palais.

11. Deleitarte con la soberbia iglesia de la Madeleine.

Iglesia de la Madeleine

12. Cruzar el imponente puente Alexandre III.

13. Sumergirte en el ambiente bohemio tan especial de Montmartre.

14. Maravillate con la mejor vista de la ciudad desde la histórica escalinata del Sacre Couer (y de la preciosa basílica)

Escaleras de la Basílica Sacre Coeur

Actividades recomendadas en París ★ RESERVÁ AHORA TU LUGAR

Para los que amamos leer, perdernos por pasillos repletos de libros es uno de los mejores planes que existe. En este artículo te presento algunas de las librerías mas hermosas del mundo.

“DESEARIA PODER MOSTRARTE, CUANDO TE SIENTAS SOLO O EN TINIEBLAS, LA ASOMBROSA LUZ DE TU PROPIO SER”. Ésta frase, pintada en inglés sobre los escalones de la librería Shakespeare&Co de París, me resuena fascinantemente exacta para nuestro presente.

Frase en los escalones de la librería Shakespeare&Co.
PARIS, FRANCIA

Más allá de los catastróficos impactos que la pandemia está dibujando en nuestra economía mundial no puedo evitar ser de esas personas que le buscan el lado bueno a este escenario de ciencia ficción que hoy estamos presenciando. (*)

En lo personal (además del pequeño detalle de que mi trabajo de travel planner ha desaparecido por completo porque NADIE ESTÁ PENSANDO EN ORGANIZAR UN VIAJE AHORA), mi vida cotidiana no se alteró demasiado. Hace años que trabajo en casa, por lo que la tan temida cuarentena no es para mí motivo de colapso nervioso. 

El enorme cambio que tengo es la cantidad de horas de más que encuentro acumuladas al final del día, esas que usaba para ir al gimnasio, par a reunirme con clientes y, principalmente, para movilizarme por las enloquecidas y congestionadas calles de Buenos Aires.

Te contaba… soy de las que piensa que algo bueno de todo esto debe salir. En un intento de ser coherente con esa conclusión, decidí aprovechar esas horas extra para retomar una actividad que hace tiempo me cuesta disfrutar: la lectura.

Soy, o mejor dicho, fui una gran lectora desde chica hasta hace un tiempo atrás, cuando sucumbí a nuestra seductora adicción moderna: Netflix.

Buscando inspiración para rescatar ese amado vicio, me encontré espiando algunas de las maravillosas librerías desperdigadas por el mundo y quiero compartirlas con vos. Tengo la suerte de hacer estado en muchas de ellas, otras están en mi lista de pendientes para que, cuando recuperemos la libertad de viajar, pueda verlas personalmente!

Acqua Alta (Venecia, Italia): una librería digna de Venecia! 100.000 desparramados en los lugares mas insólitos que se te ocurran: dentro de un bote, de una bañera antigua incluso dentro de una góndola. Claramente muy útil para cuando la marea sube! http://libreriaacquaaltavenezia.myadj.it

La pintoresca librería Acqua Alta
VENECIA, ITALIA

Livraria Lello (Oporto, Portugal): para muchos la librería “más hermosa del mundo”. Se hizo explosivamente famosa por ser elegido como set de filmación para varias escenas de Harry Potter. http://www.livrarialello.pt

Ateneo Grand Splendid (Buenos Aires, Argentina): los que tenemos el placer de haberla recorrido no tenemos dudas de estar dentro de una joya de la ciudad. Situada en el interior de un antiguo teatro, este oasis en medio de la locura porteña es definitivamente imperdible.

Librería El Ateneo – Grand Splendid
BUENOS AIRES, ARGENTINA

Barter Books (Alnwick, Reino Unido): está ubicada en una estación de tren victoriana en un pueblecito de Inglaterra. Te suenan las famosas frases de KEEP CALM…?  En esta librería se encontraron los posters de la Segunda Guerra con el “Keep Calm and Carry On” que se convirtió en un fenómeno mundial. https://www.barterbooks.co.uk

Atlantis Books (Santorini, Grecia): además de ser un espacio increíble, esta librería suma su virtud imbatible: los atardeceres épicos en uno de los paraísos de nuestro mundo: la mágica Santorini. http://www.atlantisbooks.org

Shakespeare&Co (Paris, Francia): otra que se convirtió en boom turístico gracias a una película (Medianoche en Paris). Además de tener una historia literaria definitivamente única, ya que por sus puertas pasaron escritores emblemáticos como Hemingway, Scott Fitzgerald y James Joyce. Al inicio vendía libros censurados y se ganó una gran reputación entre los amantes de la literatura que la convirtió en uno de los sitios más visitados de la capital francesa. Realmente merece una visita, el lugar es caóticamente atractivo y si logras visitarla en algún instante con menos turistas, se puede apreciar ese ambiente tan magnético que la caracteriza. En el piso de arriba se alojan los viajeros que trabajan algunas horas en la librería. http://www.shakespeareandcompany.com

Polare Maastricht (Maastricht, Países Bajos): una absoluta maravilla! Abrió sus puertas en el año 2007. El espacio elegido para alojarla es realmente singular, ya que se trata de una antigua iglesia gótica de los dominicos construida en el año 1294.  https://www.libris.nl/dominicanen

Librería Polare Maastricht
PAÍSES BAJOS