La primera vez que vi una foto de Pamukkale no podía creer que ese lugar existiera en nuestro mundo. Inmediatamente me puse a investigar sobre ese destino casi irreal.

Hablemos de Pamukkale:

★ Pamukkale significa «castillo de algodón» en turco, en obvia referencia al inusual paisaje blanco, que parece salido de una película de ciencia ficción.

★ Miles de años atrás, movimientos tectónicos causaron terremotos, los terremotos originaron fallas en el terreno, por dónde emanaron las aguas termales.

Las aguas termales, ricas en minerales, principalmente en creta (roca orgánica, blanca, porosa y blanda que se usa para la tiza) y bicarbonato de calcio, se precipitaron por el terreno y, con el correr de los siglos, fueron tallando las formaciones de piedra caliza y travertino, creando los extraños piletones escalonados y su apariencia de «terrazas nevadas».

La mano del hombre destruyó (como siempre) la experta creación de la naturaleza: hoteles que usaban las aguas termales para sus piscinas, rutas de asfalto con autos que generaban contaminación, desechos vertidos en el ambiente y otras desgracias similares.

En 1988, la UNESCO intervino para proteger Pamukkale, que estaba a punto de desaparecer. Derribaron los hoteles, se tapó la ruta y comenzó la tarea de recuperación de este lugar único en el mundo. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad junto con Hierápolis.

Pamukkale está en medio de la nada, literal. Para llegar desde Estambul (600 km de distancia) lo mejor es en avión (1 hora de vuelo) o en bus desde algún punto cercano. La visita amerita un par de horas, no mucho más. La ciudad, no merece demasiada dedicación.

Las aguas suelen estar a unos 35 grados. Se puede pisar el travertino sin miedo, no te resbalas para nada. TIP ➜ ver la puesta de sol reflejada en el agua es un espectáculo descomunal.

¿Vale la pena ir a pamukkale? 

La respuesta depende de un factor crucial: el tiempo. Si tu viaje por Turquía no es una pasada rápida, mi opinión es SI! 

Pero es fundamental coordinar bien la logística, porque NO es un lugar de fácil acceso. Más allá de que es una experiencia única, la realidad no es tal cual se luce en la foto… Los piletones a veces están vacios y suele estar repleto de gente, lo que disfraza el encanto natural del lugar. Lo mejor es ir bien temprano para evitar las multitudes, y sobre todo en verano para escapar del calor intenso.

Un lugar increíble de Turquía!

Dueña de ese espectacular paisaje surrealista, formado por sus aguas termales color turquesa, Pamukkale es, desde hace siglos, una atracción irresistible para los hombres. 

Y allí, en la cima de la montaña, se construyó Hierápolis. 

Erigida originalmente en el 180 a.C por el rey de Pérgamo y destruída por un terremoto en el año 17 d.C. Fue reconstruida y durante los siglos II y III se convirtió en una típica ciudad romana, famosa en la época del Imperio como descanso veraniego para los nobles, adeptos entusiastas a las aguas termales. Fue completamente destruida por un terremoto en 1354.

¿Qué ver en Hierapolis?

Las 3 puertas de la ciudad: la norte, de origen bizantino; la sur, de la era romana, y la Puerta de Domiciano, construida en los años 82/83 durante el imperio del emperador romano. 

Templo de Apolo: construido en el siglo III d.C. Se creía que Apolo era el fundador divino de la ciudad. 

Plutonio: junto al Templo de Apolo hay una grieta, de la salían gases venenosos. Se creía que era la entrada el Inframundo.

Fuente monumental (Nympheum): construida en el siglo IV

Baños romanos: actualmente hay un museo. Fueron construidos en el siglo II. Las diferentes secciones estaban cubiertas y conectadas entre sí. Todas fueron edificadas con grandes bloques de piedra sin argamasa. 

Tumba San Felipe: se cree que la tumba pertenece al apóstol, que fue martirizado en ese lugar.

Teatro: el imponente protagonista de Hierápolis, se mantiene en buen estado de conservación. Se construyó en el siglo II y tiene 3 secciones: Cávea, Scena, y Orchestra. Es interesante ver los asientos VIP con respaldos altos y pies de león, reservados a las personalidades importantes. Tenía capacidad para unos 15 y 20 mil espectadores y tiene una acústica extraordinaria.

El teatro de Hierapolis

Tips para conocer algunos de los lugares no tan turísticos de Estambul

Típica silueta de Estambul al atardecer, con los minaretes de las mezquitas

Durante la eterna cuarentena argentina, me dediqué a hacer vivos compartidos en mi cuenta de Instagram (@destinosymaletas). No fue una idea demasiado original… durante esta etapa, por momentos agotadora y desquiciante, el 90% de los que tenemos cuenta en esa red social nos abocamos a generar este tipo de contenidos. 

En mi caso en particular, el objetivo fue el de informar y entretener a mis seguidores, aportando desde mi lugar un espacio para pasarla un poco mejor y seguir soñando con los viajes, incluso desde el pesado encierro de nuestros hogares.

«EL LADO OCULTO» es una serie de charlas en las que hablamos de diferentes destinos europeos, desde una mirada local y menos turística. En cada episodio me acompaña un invitado/a especial, personas que viven o vivieron en ese lugar, o que la han visitado varias veces y tienen un conocimiento mayor al de un turista de a pie. Podés encontrar todas las grabaciones de los vivos en mi canal IGTV.

El LADO OCULTO DE ESTAMBUL es uno de la capítulos de la serie, el invitado fue Mati Callone, creador del blog 101 Lugares Increíbles. Los dos quedamos fascinados con la ciudad, y quisimos compartir esta información con vos. Podés verlo haciendo CLICK ACÁ.

PORQUÉ ESTAMBUL ES TAN FASCINANTE

★ Fue la capital del Imperio Romano, del Imperio Bizantino y del Imperio Otomano.

★ Es la única ciudad que pertenece a 2 continentes: Europa y Asia.

★ Tiene 15 millones de habitantes, sin embargo no es una ciudad en la que se siente el aglomeramiento de gente que se ve en las grandes capitales europeas.

★ En general, los turistas nos alojamos en el lado europeo de Estambul, principalmente en el barrio de Sultanahmet, cerca de las principales atracciones: Santa Sofía, la Mezquita Azul, la Cisterna Basilica, Palacio Topkapi. Otros barrios interesantes (de lado europeo) donde alojarse son Gálata y Beyoglu, cerca de la avenida Istikal, una de las arterias más importantes (y lindas).

Puede que te cueste tomar la decisión de ir a la parte asiática de la ciudad. Pero es necesario vencer esa barrera y hacerlo! Hay algunos lugares muy interesantes, como los barrios de Kadiköy y Üsküdar. Y para llegar es súper fácil: sólo hay que tomar el ferry que usan miles de turcos cada día para ir y volver de sus casas (la mayoría de la clase media turca vive en la parte asiática de la ciudad)

★ Hay 3 barrios donde se puede encontrar una gran belleza arquitectónica, muchos monumentos religiosos, (principalmente griego ortodoxos), infinita variedad gastronómica y son muy poco conocidos por los turistas: Fatih, Fener y Balat. Están a la orilla del Cuerno de Oro

Frente a Santa Sofia

★ Para vivir una experiencia más tradicional vale la pena probar un hammam (el famoso baño turco). Hay de todos los presupuestos, arrancan alrededor de los 15 y pueden llegar a 100 los más lujosos.

Otro ritual muy popular es fumar el narguile (la pipa de agua). Hay varias casas de te o cafe donde se puede probar este ritual turco. Yo lo hice en uno de los comercios más antiguos de la ciudad, a metros del Gran Bazar, se llama Çorlulu Ali Paşa Medresesi.

Té turco: el çay merece un capítulo aparte. Los turcos toman té a toda hora, en todo momento, solos o acompañados. Y es una delicia absoluta.

Estambul es una ciudad que está repleta de gatos. SON LOS REYES DE LA CIUDAD. Se dice que años atrás, al ser una ciudad con puerto, trajeron gatos para contener y perseguir a las ratas. Otra teoría sostiene que por ser un animal sagrado, son tan cuidados. La realidad es que los gatos en Estambul son parte de la ciudad. Tal es el amor que le tienen a estos animales que hay un gato que tiene su propia estatua: Tombili, el felino que se volvió una estrella en el barrio de Kadikoy.

★ Algo que nos llamó mucho la atención es la inmensa cantidad y variedad de oferta gastronómica que hay en Estambul. Restó, bares, puestos callejeros, se multiplican por todas partes. La comida es muy especiada, sabrosa y suculenta. Muy recomendados los puestos a orillas del Bósforo para probar productos de mar y la típica papa rellena turca: el kumpir

Turquía es un país tan fascinante como extenso. Las distancias son grandes, a diferencia de los países europeos, y tiene demasiados lugares que merecen ser visitados. Para una primer visita medianamente completa a Estambul, te sugiero que le dediques no menos de 4/5 noches.

★ La mejor época para visitarla son los meses de primavera y otoño: mayo, junio, septiembre, octubre. Yo fui a principios de noviembre y, para mi gusto, estuve demasiado frío (aclaro que no me gusta nada el clima frío). Mas allá de la temperatura, amé Estambul.

A orillas del Estrecho del Bósforo

★ La moneda oficial es la lira turca. Es muy fácil cambiar dólares o euros en cualquier parte de la ciudad y se consigue buen precio sin comisiones. Y acordarte de evitar cambiar dinero en los aeropuertos.

★ Es una ciudad que está muy bien conectada y tiene un excelente sistema de transporte público. Para moverte por los lugares más típicos de la ciudad lo mejor es comprar la Istanbulkart, una tarjeta magnética que te sirve para usar en toda la red de transporte (autobús, metro, tranvía, barcos). 

★ Para terminar quiero destacar una de las razones por las que me gustó tanto Estambul y Turquía en general: la AMABILIDAD TURCA. Una de mis mejores anécdotas en Turquía, fue lo que vivimos en Goreme, Capadocia, donde vivimos la magnitud de la hospitalidad de este pueblo. Si quieres leer lo que nos pasó hace CLICK ACÁ.

Uno de mis lugares preferidos de Estambul es el Palacio Dolmabahçe, en ESTE POST te cuento sobre este edificio espectacular, que a veces pasa desapercibido en la descomunal grandeza de la ciudad turca.

Actividades recomendadas en Estambul★ RESERVÁ AHORA TU LUGAR

Una bienvenida memorable. Un día legendario. Una noche antológica.

Habíamos reservado una habitación en uno de los típicos hoteles de Capadocia. Cuevas de toba calcárea, protagonistas indiscutidas de este destino fascinante, recicladas en alojamientos tan sorprendentes como espectaculares.

Nuestro primer día fue intenso. 

Arrancamos con una inolvidable llegada triunfal (en ESTE POST te cuento con detalle), tiramos el equipaje en el hotel y salimos a pasear por Goreme, una pequeña ciudad de Capadocia dedicada pura y exclusivamente al turismo, lugar ideal para alojarse si tenés planes de recorrer esta región mágica.

Anduvimos en cuatriciclo (tremenda experiencia, te la súper recomiendo!), nos aventuramos hasta Uchisar en bus público, saboreamos uno de los tantos çay que bebimos durante nuestro tiempo en este país (el exquisito té turco negro) con baklava (uno de los postres más exquisitos que probé en mi vida) y fuimos testigos de la magia del sol escondiéndose entre las chimeneas de las hadas. 

Gran experiencia! En cuatriciclo por Capadocia.

Por fin nos agarró la noche.

Decidimos cenar en un restó bastante cercano al hotel. En Goreme todo es «acá nomás». Los hoteles, comercios, bares y locales gastronómicos se concentran en menos de un kilómetro, casi todos sobre la «calle principal».

Nos recibieron unos mellizos de novela taquillera, que destilaban amabilidad y cordialidad. Elegantemente vestidos y con una inmensa sonrisa dibujada en sus caras morenas. Después de devolver el saludo les pregunté si aceptaban tarjeta de crédito. 

«Por supuesto, madame» contestaron en perfecto inglés. 

«Ok, entonces nos quedamos» le respondí, aliviada. 

(Parentesís aclaratorio, fundamental y oportuno. Cuando viajo, tengo la costumbre de llevar muy poco dinero encima, el mínimo necesario para comprar una chuchería en algún puesto callejero, no mucho más. Pago todo lo que puedo con tarjeta de crédito. Lo tengo muy incorporada en mi rutina de vida, esté de viaje o no, por eso la importancia de la pregunta, para decidir si nos quedábamos a comer ahí o buscábamos otro lugar).
Afortunadamente no fue necesario. Realmente quería cenar en ese lugar. Trip Advisor lo mostraba en el primero de los lugares para comer y aunque me llevé un par de chascos con recomendaciones de esa plataforma, los comentarios eran realmente fabulosos. Incluso había consultado en el hotel y me dijeron que era uno de los mejores restaurants que había en la ciudad.

Volvamos al cuento. Se trataba de un negocio familiar. Los mellizos y una chica joven (sin dudas la hermana de los mellizos, el parecido era contundente) se repartían para atender a los comensales. El padre, claramente, estaba a cargo de la cocina y la madre era la encargada de la caja. 

El lugar, como todo en Goreme, simulaba ser una cueva. Las luces, cálidas y tenues, le daban al salón un ambiente especial, íntimo, entrañable. Una manada de alfombras multicolores, perfectamente gastadas, tapizaban por completo el piso de tierra pisada y tinajas de diferentes tamaños y formas pululaban por toda la estancia. Unas pocas mesas y sillas de madera rústica anticipaban, silenciosamente, una noche perfecta. Los suaves acordes melódicos de música turca completaban el escenario cinematográfico.

No había menú escrito, detalle que me terminó de conquistar.

El mellizo que nos tocó en suerte nos explicó cuales eran los tres platos disponibles de ese día. Nos decidimos por el testi kebabi, típica comida turca. Este guiso de cordero se cocina durante horas dentro de una pequeña tinaja de barro, lo que le da un sabor único y particular. Para servirlo, se rompe el recipiente. Nos tentamos al ver al otro mellizo celebrando este ritual en la mesa de enfrente. 

Testi kebabi, guiso de cordero típico de Turquía

«Espectacular! Es el manjar de la casa y lo mejor que van a comer en toda Turquía» sentenció con seguridad nuestro anfitrión experto. 

El suculento plato debía acompañarse con una jarra de vino caliente. El gesto reprobatorio con el que nos miró cuando insinuamos la idea de que el vino esté a temperatura ambiente fue lapidario.

«Vamos con el vino caliente!» dijimos al unísono con el salteño, incapaces de contradecir a nuestro mesero. 

La cena fue un festín. Del derecho y del revés. 

Cuando terminamos de comer, el mellizo nos ofreció un çay (si, los turcos toman este brebaje toda hora y en todo lugar). Todavía nos quedaba media jarra del vino caliente (que, nobleza obliga, es una delicia absoluta!) por lo que decliné amablemente su oferta.

«Madame, permítame que le diga, es mucho mejor si todavía no terminó el vino. El çay limpia la boca del sabor del guiso, puede acompañarlo con un postre si gusta. Así evita que el dulce se mezcle con los sabores de la comida. Además es muy bueno para el estómago y evita que el alcohol le caiga mal».

La explicación científica del mellizo, aunque era redomadamente incomprobable, tenía cierta lógica, sobre todo bajo los notorios efectos del vino caliente que ya sentíamos en nuestro cuerpo. 

Tomamos nuestro çay acompañado con una porción de baklava, por supuesto (a esta altura del viaje ya erámos adictos a este postre) y después aniquilamos lo que quedaba de vino.

Baklava, una delicia turca. Masa filo, pistacho y almíbar.

Se terminó la bacanal, hora de pagar la cuenta. 

Le damos la tarjeta de crédito a nuestro mellizo preferido, quien vuelve a los pocos segundos con un preocupante gesto de angustia y nos informa, con inmenso pesar, que no tenían tarjeta.

«Pero cómo me decís eso ahora? Si fue lo primero que preguntamos al llegar y vos mismo me dijiste que sí. De otro modo no hubiésemos entrado!»  le respondo.

Se disculpó mil veces en 30 segundos, nos explicó que hacia días que la máquina no funcionaba (al parecer un problema muy habitual en la zona) y que él no estaba al tanto de este inconveniente, que se había enterado recién. 

«Pero no tenemos plata» le respondo, entre enojada y preocupada.

Se acercan entonces el padre y la madre, muy solemnes, a presentar sus condolencias formales por el grave inconveniente. Y nos dicen, con una sonrisa amable y sincera que no había problema, que vayamos tranquilos.

«Cómo que nos vayamos? No entiendo!» exclamé, mientras traducía en simultáneo al salteño que, con cara de espanto, me preguntaba si estaba entendiendo lo que me decían. 

El mellizo, en rol de vocero oficial, repetía que fue un error de ellos, por favor madame perdón por la molestia, lo más importante es que les gustó la comida y pueden irse tranquilos.

Yo, cuál loro desquiciado, seguía preguntando ¿WHAT, WHAT, WHAT?

No se me podía pasar por la cabeza que después de haber comido como los dioses y disfrutado una cena memorable, nos pedían disculpas fervientemente y nos invitaban a irnos sin pagar. 

Azorados por la situación, incapaces de descifrar si era una joda para Showmatch o se trataba de alguna extraña costumbre del lugar, ofrecimos diferentes soluciones para resolver el problema.

«Porque no nos acompañan hasta el hotel y le damos el dinero». «Pagamos al hotel la cena y después arreglan con ellos». «Dejamos el dinero en el hotel».

A cada una de las propuestas, los turcos negaban con la cabeza y amablemente nos volvían a repetir que no había problema.

Cuando vimos que no había caso, decidimos irnos. La familia entera nos escoltó hasta la puerta, siempre sonriente, para despedirnos y nos fuimos tranquilamente del restaurant sin pagar…

La noche siguiente nos presentamos ante la madre y saldamos nuestra deuda honor, que pesaba en nuestra conciencia.

Cuando recuerdo esta anécdota siempre pienso lo mismo… ¿qué hubiera pasado si esto nos pasaba en otro país?

BIZARRA es la palabra exacta que describe nuestra llegada a Capadocia. Habíamos viajado toda la noche en bus desde Pamukkale (destino del cual ya hablaré en un futuro post). Fue un trayecto memorable.

Yo, fiel a mi costumbre de dormir en cualquier parte, me acomodé en dos asientos y dispuesta a descansar toda la noche. El salteño, fiel a su costumbre de no dormir bien en ninguna parte, mucho menos en un bus repleto de turcos, se resignó a pasar la noche en vela.

En algún momento de la madrugada, me despierto con unos sacudones. Era el salteño, que mientras me zamarreaba me decía: NOS VAMOS A MORIR! Hay una loca a los gritos, seguro es una de esas fundamentalistas que llevan una bomba encima, va a explotar el micro. NOS VAMOS A MORIR!

Antes de seguir con el cuento, hago un paréntesis para aclarar un poco la situación que estábamos viviendo. Desde que tengo memoria yo quería conocer Turquía, pero el salteño estaba negado. Desde el atentado en Estambul lo descartaba sistemáticamente. Sus elegidos eran Londres y Escocia, destinos poco atractivos para mí. Ya había estado en Londres y no tenía interés en regresar y Escocia no me llamaba ni un poco la atención. Después la amé.

Un día le dije: Como no vamos a ponernos de acuerdo el recorrido del viaje, te propongo que negociemos. Hagamos un viaje miti-miti. La mitad del viaje la elegís vos y yo te acompaño. La otra mitad la elijo yo y vos, ídem”. 

Aceptó mi propuesta. 

El resultado fue un viaje insólito con logística descabellada (lo que siempre recomiendo NO HACER!) pero no había opción.

Volviendo a la historia, estábamos en la parte del viaje que el salteño NO HABÍA ELEGIDO y que, obviamente, no estaba disfrutando).

Me esforcé para que mis neuronas conecten y procesen rápidamente la información que el señor me estampó en medio del descanso. De pronto escucho el supuesto “rezo suicida pre-estallido“. Era la voz de una mujer que repetía sin cesar, más o menos las mismas ininteligibles palabras, en una inquietante mezcla de llanto, grito y rezo.

Intenté averiguar que pasaba, pero ninguno de los pasajeros hablaba inglés…

Después de varios minutos del agotador y agónico lamento turco, mientras intentaba tranquilizar al salteño para que no se suicide antes de que explotemos, el micro paró en medio de la ruta, en medio de la noche, en medio de la nada…

Las terrazas de Pamukkale, Turquía

Desde mi ventanilla intentaba descifrar la bizarra situación que se desarrollaba afuera, en medio de la oscuridad. 

Los gritos de la supuesta “fundamentalista-suicida que nos iba a matar a todos“ destrozaban el silencio absoluto de la noche y dos hombres (supuse que eran el chofer y acompañante) trataban de tranquilizarla. Unos 20 minutos después el micro reanudó su marcha.

Pero la paz no duró mucho y a los pocos minutos… otra vez la misma cantinela. Grito, llanto y a parar en medio de la desolada pampa turca. Fueron 3 o 4 paradas (perdí la cuenta) y después silencio, el show por fin se había terminado. No sabemos si la señora se tranquilizó, la dejaron en medio de la ruta o la amordazaron. Cuestión es que la última hora de viaje fue en paz.

Estaba a punto de dormirme nuevamente, cuando otros gritos interrumpieron mi descanso. Esta vez era el chofer anunciando nuestra parada.

Atontados por el cansancio, los nervios, la confusión y el sueño bajamos del micro. La noche helada nos envolvió por completo. Estábamos en una pequeña terminal de micros, oscura y temerosamente desierta, donde debíamos esperar el bus que nos llevaría a Goreme, nuestro destino final.

Mientras buscábamos un lugar para refugiarnos del frío, resonó desde el vacío de la penumbra la voz de hombre que nos hablaba en turco. 

English? le pregunté, entre desconfiada y algo asustada. Afortunadamente me contestó en un dudoso inglés, suficiente para entendernos. Resultó ser el dueño de una de las agencias de viajes de la terminal. Al minuto desplegó el innato talento turco por excelencia y nos bombardeó con su oferta de actividades, dispuesto a salvar la noche con una venta.

Cuando se dio cuenta que nuestras prioridades entonces eran las más básicas, rápidamente cambió la estrategia. Me ofreció su sillón del escritorio para que me acomode y al salteño en una silla, prendió la calefacción y nos preparó un sublime té turco bien caliente, que nos devolvió el espíritu en segundos. 

Apenas vió que sus víctimas estaban en condiciones de negociar, volvió a la carga…

Goreme, nuestro destino final en Capadocia

Nuestro anfitrión, haciendo gala de un extraordinario don de vendedor, logró convencernos con el paseo en globo y un tour por la región. Nos ofreció ambas actividades a buen precio y su amabilidad merecía el premio de la compra. 

Cuando llegó el momento del pago, la cosa se complicó. Nosotros queríamos pagar con tarjeta de crédito y el señor no tenía la máquina correspondiente. Pero Cemal (así se llamaba) no se inmutó. Nos dijo que no nos preocupemos, que pagábamos después. 

“Cómo después?” le pregunté, sabiendo que no había posibilidad de que regresemos a la terminal fantasma.

“No hay problema, mañana a las 5 am los pasan a buscar” nos aseguró. Y dio por finalizada la transacción.

Tras cartón nos dice “Vamos que los llevo! Todavía falta más de una hora para que pase el bus”. Mudos por el asombro y sin saber muy bien cómo reaccionar, decidimos seguirlo. El turco nos guió hasta su auto personal y emprendió el camino. Para entonces estaba amaneciendo y sobre nosotros empezaron a aparecer unos pocos, después algunos más, hasta que el cielo, pintado de colores inimaginables, se llenó de globos y a mí se me estrujó la piel, se me anudaron las tripas y se me erizó el alma.

Cemal nos dejó en la puerta de nuestro hotel. “A las 5, estén listos” nos recordó mientras se despedía.

A la mañana siguiente estuvimos puntualmente listos, completamente seguros que no nos buscarían porque, básicamente, no habíamos pagado!

A las 5.10 am, una combi se detuvo en la puerta del hotel. Paseamos en globo. Al otro día hicimos el tour por Capadocia. Cuando volvimos al hotel, Cemal nos recibió con una sonrisa deslumbrante, venía a cobrar lo que nos había vendido y ya habíamos disfrutado. 

Bizarra. Asombrosa. Inolvidable. Así fue la bienvenida que nos dió Capadocia.


Nunca verás algo parecido al paisaje de esta región turca que deslumbra a todos los que deciden conocerla.

Capadocia nos regaló una bienvenida tan imborrable como sus paisajes descomunalmente únicos (si querés saber lo que nos pasó, ACÁ te cuento aquella memorable recepción).

Capadocia es (para mí) uno de esos lugares de nuestro planeta que, definitivamente, hay que conocer.

Recuerdo con total claridad mis sentimientos en el preciso instante de esta foto. Me senté arriba de esa roca, esperando que el fotógrafo de turno me avise que ya había retratado la imagen. Me acuerdo que miré a mi alrededor y sentí una desconexión dentro mío. Mi cerebro no podía procesar lo que mis ojos veían. Mi mente no lograba descifrar semejante paisaje. Imposible ser indiferente a esas extrañas formaciones rocosas, creadas por el trabajo incesante de la naturaleza durante milenios. El viento, el agua y los volcanes desplegaron su magia descomunal y lograron un resultado tan perfecto como extraño, tan hermoso como surreal, que te catapulta fuera de todo lo conocido.

Formaciones conocidas como chimeneas de las hadas, por su forma cónica, que desde hace siglos son habitadas por los nativos de la región. Leíste bien! Actualmente de los nacidos en estas tierras sorprendentes siguen viviendo ahí, dentro de esas cuevas tan particulares. 

Éstas estructuras naturales son de toba calcárea, un material muy fácil de moldear. Antiguamente los originarios de Capadocia descubrieron que era mucho mas fácil, rápido y práctico cavar estas piedras en lugar de erigir viviendas y eso hicieron, costumbre que persiste hasta hoy.

MI EXPERIENCIA EN CAPADOCIA:

Llegamos a Capadocia desde Pamukkale. Decidimos viajar en bus toda la noche para optimizar los tiempos y presupuesto, ya que es la opción mas económica, aunque reconozco que no es la más práctica. Nosotros tuvimos suerte porque conseguimos transporte particular desde la terminal de micros donde nos dejó el bus hasta la puerta de nuestro hotel en Goreme (te lo cuento en UNA BIENVENIDA MUY BIZARRA). Pero si no hubiese sido así, deberíamos haber tomado un bus hasta la terminal de Goreme y desde ahí caminar hasta el hotel o tomar un taxi. 

El viaje desde Pamukkale hasta la terminal cercana a Goreme fue de unas 8 horas. 

Es una gran opción para ahorrar tiempo y dinero y si sos de los que pueden dormir en cualquier parte. Si no es tu caso, pensalo bien, porque el cansancio acumulado durante la noche se siente mucho al otro día.

★ Nos alojamos 2 noches en Goreme, la ciudad con mejor estructura turística de la región. Está repleta de tiendas, comercios, restaurantes y hoteles. Pero nos faltó tiempo para hacer muchas cosas. Para hacer una visita bien completa deberías calcular una estadía de entre 3 a 5 noches.

Una buena opción es alojarte unas noches en Uchisar, otra de las ciudades más importantes de Capadocia, ya que es una alternativa más real, auténtica y menos turística que Goreme.

Fuimos a Uchisar desde Goreme en transporte público. La distancia entre las dos ciudades es de 4 km. Uchisar es famosa por su “castillo”, una estructura natural que los nativos excavaron y la convirtieron en un lugar para vivir y protegerse de invasiones. Es el punto más alto de Capadocia y la vista desde ahí es… sublime!. Para entrar hay que pagar entrada.

Uchisar y su castillo dominando el paisaje

Desde Goreme hicimos el viaje en globo con Kapadokya Ballons. Pagamos u$s 150.- entre los dos. El sistema está super bien calculado: nos buscaron muy temprano en el hotel, sino me falla la memoria alrededor de las 5 am. Nos llevaron a un salón en algún punto de la ciudad donde agrupaban a todos los turistas que iban a hacer el paseo. Mientras esperábamos que terminen de hacer el pick-up, ofrecían un desayuno bastante modesto pero eficaz, ya que nadie había podido tomar nada antes de salir del hotel. Cuando se completó la asistencia nos dividieron según la capacidad de cada una de las canastas de los globos (hay algunas para 20 personas) En nuestro caso éramos 16. Ya con nuestro grupo de globo, nos volvimos a subir a la combi que nos llevó a un descampado donde estaban empezando a inflar los globos. Todavía era de noche. Cuando todo estuvo listo subimos. 

A punto de partir!

Cómo describir aquel momento tan especial? Libertad, asombro, sorpresa, emoción, alegría, adrenalina, inmensidad. Un hechizo se apodero de nuestras almas y aun hoy, algunos años después, nos seguimos conmoviendo con el recuerdo. 

Es una actividad cara pero vale cada centavo. Recomendación importante: LLEVÁ ABRIGO! Tuve mucho más frio cuando bajamos que mientras volábamos en el globo (fuimos en el mes de noviembre). Una vez en tierra nos dieron un chocolate caliente descomunalmente exquisito y un diploma de recuerdo.

Es importante manejar las expectativas de poder hacer el paseo en globo, nunca está asegurado, porque depende mucho de las condiciones meteorológicas. Apenas sopla un poco de viento, lo suspenden por cuestiones de seguridad. Nosotros tuvimos muchísima suerte, estuvimos solo 2 noches y pudimos hacerlo! Hay personas que están varios días y los globos no salen. 

En toda Capadocia, en cualquier agencia de viajes o por internet, se ofrecen varios tours. Los más populares son el rojo y el verde. Son recorridos diferentes que cubren todos los puntos más destacados de la región. Para hacer ambos necesitas 2 días, ya que cada uno dura unas 8 horas. Nosotros elegimos el verde, principalmente porque queríamos conocer una ciudad subterránea.

El circuito rojo pasa por las chimeneas de hadas en Ürgup, el Valle de la Imaginación, el castillo de Uchisar, el Museo al Aire Libre de Goreme y otros más.

★ Con el tour verde fuimos a: 

  1. La ciudad subterránea de Derinyuku. Se trata de la más importante de las 37 ciudades subterráneas que hay en la región. Tiene unos 20 niveles bajo tierra, sólo se pueden visitar los 8 superiores. Derinyuku tiene capacidad para  a unas 10.000 personas! Se pueden ver los establos, comedores, bodegas, iglesias, cocinas y habitaciones. Fue utilizado como refugio por los romanos en la época de las invasiones árabes. No es recomendable para personas que sufran de claustrofobia o algún problema físico! 
  2. Yaprakhisar Panorama: tremendo punto panorámico, conocido por haber inspirado a George Lucas para crear los paisajes de Star Wars, que finalmente se reconstruyeron en Túnes porque el gobierno de Turquía no permitió las filmaciones en el país. 
  3. Pigeon Valley: este valle es increíble! su nombre se debe a los cientos de casitas de paloma hechas en la piedra. Las palomas siempre fueron muy importantes para la vida de los habitantes de este lugar, las usaban para comunicarse entre ellos, de comida y también usaban los huevos para las pinturas.
  4. Almorzamos a orillas de un pequeño arrollo, lamentablemente no recuerdo el nombre del lugar, perdí mucha información de este viaje y no pude recuperarla.
  5. Hicimos otras paradas, como en una fábrica de acero y en un comercio inmenso donde vendían alimentos y productos típicos de la región. No me parecieron demasiado interesantes pero estaban incluidas en el tour.

★ Muy cerca de Goreme encontramos un local de alquiler de cuatriciclos por hora. No recuerdo muy bien el precio pero era muy accesible (menos de u$s 10 la hora, incluyendo un guía). Fue una experiencia magnífica!  

Cuando reserves hotel, asegurate que tenga una buena terraza. Desayunar viendo los globos, no tiene precio!

Actividades recomendadas en Capadocia★ RESERVÁ AHORA TU LUGAR

Alguna vez leí que si el palacio Dolmabahce estuviera en cualquier otra ciudad, sería su ATRACCIÓN TURÍSTICA más visitada.

Pero en Estambul, una ciudad tan descomunalmente soberbia, la majestuosidad de este edificio parece pequeña.

Quizás por eso este imponente palacio, dueño de una personalidad abrumadora, donde los estilos occidental y oriental se embarullan en un exquisito y elegante baile arquitéctonico es, muchas veces, ignorado por las manadas de turistas que invaden la ciudad cada día.

Por supuesto que el hermano mayor de la familia de los palacios reales turcos, el Palacio Topkapi, es la estrella indiscutible de Estambul. 

Quizás yo sienta por el Dolmabahce un afecto particularmente personal… Muchos años atrás, por algún capricho de la vida, me crucé con una foto impactante. Se trataba de una magnifica puerta blanca de hierro trabajado que daba al mar. 

Una de las fabulosas puertas del palacio sobre el estrecho del Bósforo.

Quedé hechizada… apenas ví semejante belleza empecé a buscar qué era, dónde estaba… La magia de la tecnología me ayudó a descubrir que se trataba de una de las puertas de los jardines del Palacio Dolmabahce, ubicado en Estambul.

La ciudad turca siempre había sido uno de mis grandes pendientes… y esa puerta me cautivó. 

Un año después pude admirarla en persona.

Las puertas se usaban para recibir a los invitados del sultán que llegaban en barco.
ESTAMBUL, TURQUÍA

El palacio se construyó entre 1842 y 1853 por orden del sultán Abdulmecid, quien trasladó su corte desde el Topkapi, donde residía desde hacia siglos. El nuevo palacio brindaba mayores comodidades acordes a su tiempo. Además Abdulmecid tenía un objetivo claro: quería un palacio de aspecto menos oriental y más europeo, para impresionar a las cortes Europa continental.

Dolmabahce se convirtió en la residencia oficial de los sultanes turcos desde 1853 hasta 1922.

Ese año Turquía cambió su forma de gobierno y el primer presidente de la nueva república, Mustafá Kemal Ataturk, estableció como capital del país a la ciudad de Ankara, manteniendo el palacio como residencia oficial para sus estancias en Estambul.

Lo que tenés que saber del Palacio Dolmabahce

El Palacio Dolmabahce es el edificio más grande de ¡toda Turquía!

★ En la estancia central se admira la araña más grande de cristal de Bohemia, un regalo de la reina Victoria. Tiene setecientas cincuenta lámparas y pesa cuatro toneladas y media. 

La fabulosa araña de cristal de Bohemia.

★ El palacio ostenta la mayor colección de candelabros de cristal de Bohemia y Baccarat.

★ La Escalinata de Cristal también tiene balaustres de cristal de Baccarat.

★ Su fachada tiene más de 600 metros.

★ Tiene 285 habitaciones, 43 salas, 68 lavabos y 6 baños turcos.

★ Posee una gran cantidad de alfombras de Hereke y alfombras de piel de oso (de más de 150 años) que fueron un regalo del Zar de Rusia al sultán.

El palacio se divide en tres zonas: el Selamlık (las habitaciones reservadas a los hombres), el Muayede Salonu (las habitaciones ceremoniales) y el Haren (que incluía los apartamentos de la familia del Sultán). 

Mustafa Kemal Atatürk, el fundador y primer presidente de la Turquía moderna, murió en el palacio a las 9:05 a.m. del 10 de noviembre de 1938, en una habitación que ahora es parte del museo y los relojes se mantienen parados en esa hora.

★ En 1984 fué convertido en museo.

★ Aunque como te dije antes, no es el monumento más visitado de Estambul, siempre hay gente. Lo mejor es ir temprano y evitar grandes colas.

Para ingresar es necesario contratar una visita guiada. 

★ Precio entrada: adultos: 60TL (US$9) / Harén: 20TL (US$3)

★ Para más info https://www.millisaraylar.gov.tr/en/palaces/dolmabahce-palace

La imponente entrada al Palacio Dolmabahce
ESTAMBUL, TURQUÍA

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